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¿Quién manda a quién?

La duda entre si hacer lo que le genera más utilidad a uno como persona o hacer lo mejor para la sociedad siempre estará presente. Buscar el beneficio propio muchas veces pasa a llevar con la felicidad de los demás, llevándolos incluso a una calidad de vida mucho peor. ¿Estaré dispuesto a compensar tal sacrificio que obligo a hacer a los demás? Las externalidades siempre existirán y el resultado ira de la mano de quien tenga más poder político en la toma de decisiones.

Casos fallidos como el Mall Jardines de Colón, se vio claramente como los gestores de este proyecto al poner la idea en el espacio público, no trabajaron alineados con su contraparte fijándose en los pros y contras de este proyecto, que cosas esperaban ellos, sus pérdidas, como compensarlas y llevar a un estado en donde la utilidad fuera mayor para ambos.

En este escenario, si ubicamos las utilidades de ambos actores en un gráfico de curva de utilidad, tenemos que lo mejor para los vecinos es que a primera vista no se haga el proyecto, maximizando su utilidad, como para la empresa que se haga el mal a su plenitud, perjudicando a los vecinos. Lo ideal para ambos es que este equilibrio se de en un punto en que ambos ganen, perjudicando lo menos posible al otro, lo que requiere de un claro trabajo en conjunto para encontrar ese punto. Al no incluir a la contraparte en el proceso, como se dio en este caso, la empresa busco ubicarse en un punto entre el máximo posible y el equilibrio, lo que perjudica claramente la utilidad de los vecinos.  Como resultado de lo anterior, dado que la ley atribuye a los vecinos el poder para decidir democráticamente la aprobación del proyecto gracias a la votación, al verse claramente pasados a llevar, se votó a favor de no realizar el proyecto lo que cerró el caso. Nada que hacer para la empresa.

Un caso con un fondo similar al anterior me llevó a tener la siguiente duda: ¿Quién manda a quién?

En diciembre del año 2007, la empresa multinacional Suez-Energy presentó al Sistema encargado de la Evaluación de Impacto Ambiental el proyecto de instaurar la llamada central termoeléctrica Barrancones, con el cual se pretende construir una central a carbón que iniciaría sus operaciones en la comuna de La higuera, a unos 25 kilómetros de la Reserva Marina Islas Choros-Damas y la Reserva Nacional de Pingüino de Humboldt.

La propuesta en sus inicios debía ser votada en octubre del año pasado. A pesar de esto, se solicitó en ese entonces por parte de la empresa posponer el trámite para responder a las indicaciones requeridas por la Comisión Regional del Medio Ambiente COREMA.

Cabe destacar que en el mundo político se habló bastante de proyectos como este, como por ejemplo durante las elecciones presidenciales del año anterior, en donde el actual presidente Sebastián Piñera manifestaba su desacuerdo públicamente hacia proyectos tales como las centrales termoeléctricas.

De la misma forma que en el caso comentado anteriormente, el resultado fue determinado a partir de una votación la cual terminó en 15 votos a favor y 4 en contra. Votación que provocó protestas en todo el país y la opinión pública internacional. El resultado de esta votación lleva a pensar que: ¿Hasta qué punto las presiones empresariales y políticas influyeron en la votación? ¿Qué poder político tiene la población en esta votación? ¿Es imprescindible para las localidades aledañas la construcción de una termoeléctrica? ¿Qué argumentos técnicos se tomaron en cuenta al momento de la votación?

Interrogantes como estas es muy difícil que sean resultas. Independiente del estado actual de el caso de la Central Termoeléctrica. A lo que quiero llegar con esta columna es que debemos realmente cuestionarnos: ¿Son todas estas personas las ideales para tomar una decisión que compromete el futuro de los habitantes de la región, del ecosistema y de las futuras generaciones del país? ¿Tenemos el poder político necesario para hacerlo y bajo que fundamentos? ¿Estaremos realmente mejor si nos mantenemos tal como estamos en vez de realizar nuevos proyectos?

¿Quién manda a quién?

Ricardo Chacana Garrido

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