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TEXTO PARA SER COMENTADO POR QUIENES DEBEN HACERLO EN LA ÚLTIMA SEMANA DE OCTUBRE

En este post deben comentar el siguiente artículo y reflexionar sobre los límites de la actividad política dentro de cada Estado-Nación en un mundo globalizado

La democracia desconectada

Ralf Dahrendorf

Algo le ha pasado a la democracia, entendida como un gobierno de elección popular, y ese algo ha ocurrido en todo el planeta. Por alguna razón la gente ha perdido la fe en las elecciones.

La participación en los comicios está disminuyendo en muchos países; en el caso de las elecciones al Parlamento Europeo, el nivel es tan risiblemente bajo que pone en cuestión la legitimidad del resultado. Pero, independientemente de la participación, nos hemos acostumbrado a aceptar que los partidos o candidatos que reciben el 25% del voto popular son los “ganadores”. De Holanda a Finlandia, pasando por la Argentina y Japón, los gobiernos se forman con un apoyo minoritario.

Las aparentes excepciones no prueban lo contrario. Pocos presidentes estadounidenses han tenido el apoyo de mucho más del 10% de las personas con capacidad de voto, la mitad de las cuales ni siquiera se ha inscrito para votar y, de quienes sí lo han hecho, la mitad no vota; de aquéllos que votan, menos de la mitad lo hace por el candidato ganador. Incluso la “abrumadora” mayoría de Tony Blair en la Cámara de los Comunes de Gran Bretaña se apoya en terreno inestable: los laboristas recibieron sólo un poco más del 40% de los votos en las elecciones de 2002, que tuvieron un 60% de participación. De modo que sólo el 24% del total del electorado apoyó al partido de Blair.

En la mayoría de los países esto es muy diferente a las elecciones de hace 20 años, por no mencionar las de hace medio siglo. ¿Qué ha ocurrido?

Una respuesta debe ser que los votantes no confían en los partidos políticos. La democracia electoral funciona en la mayoría de los países con la intermediación de organizaciones que proponen candidatos que representan series específicas de opciones de políticas, conocidas como “manifiestos” o “plataformas”. Sin embargo, por varias razones, esta práctica corroborada por el tiempo ya no funciona.

Las plataformas partidarias ideológicas han perdido su fuerza; los votantes no aceptan las series de propuestas ofrecidas por los partidos, sino que desean seleccionarlas y elegirlas ellos mismos. Más aún, los partidos políticos se han convertido en “máquinas”, compuestas por cuadros de “entendidos” altamente organizados. Aquí la paradoja es que los partidos se han hecho más tribales al perder lo que los diferenciaba ideológicamente. Es más importante pertenecer que tener un determinado conjunto de convicciones.

Este curso de desarrollo alejó a los partidos del ámbito de los votantes. Puesto que la mayoría de la gente no desea pertenecer a un partido en particular, el juego de los partidos se convierte en un deporte de minorías. Esto aumenta la suspicacia pública hacia los partidos políticos, no en menor término porque, como pasa con todos los deportes profesionales, este juego es caro de jugar.

Si el costo cae sobre los hombros de quien paga impuestos, éste acusa el golpe. Pero si los partidos no son financiados por el estado, deben buscar fondos de maneras que a menudo son dudosas, cuando no ilegales. Varios de los grandes escándalos políticos de las décadas recientes comenzaron con el financiamiento de partidos y candidatos.

Otros índices (como las nóminas de miembros, en rápido declive) confirman que los partidos se han hecho impopulares. Y, sin embargo, siguen siendo indispensables para la democracia electoral. El resultado es una evidente desconexión entre los actores políticos visibles y el electorado. Puesto que los partidos funcionan en los parlamentos, la desconexión afecta a una de las instituciones democráticas clave. Las personas ya no piensan en los parlamentos como entes que las representan y, por ende, dotados de la legitimidad necesaria para tomar decisiones en su nombre.

En este punto hace aparición un segundo curso de desarrollo, si bien bastante distinto. Los pueblos están más impacientes que nunca. Como consumidores están acostumbrados a una gratificación instantánea. Pero como votantes deben esperar antes de ver cualquier resultado relacionado con la elección que hicieron en las urnas. Algunas veces nunca ven los resultados deseados. La democracia necesita tiempo, no sólo para las elecciones, sino para la deliberación y el ejercicio de las fiscalizaciones y equilibrios. El votante-consumidor, no obstante, no acepta esto y por lo tanto se aleja.

Hay alternativas, pero cada una plantea sus propios problemas como solución democrática. La acción directa mediante manifestaciones se ha convertido en un medio recurrente y, a menudo, eficaz. Para quienes tienen problemas para desplazarse está la opción de hacer llegar sus opiniones por medios electrónicos, desde salas de conversación de Internet a mensajes de correo electrónico a los líderes políticos. Y luego están las organizaciones no gubernamentales, a menudo no democráticas en sus propias estructuras y sin embargo, según parece, estrechamente ligadas a los ciudadanos. Por supuesto, más allá de todo esto está la posibilidad de desconectarse totalmente y dejar la política a los profesionales, para concentrarse en otras dimensiones de la vida.

Esta última postura es la más riesgosa, ya que da sustento al autoritarismo en ciernes que es el signo de nuestra época. Pero los otros signos de desconexión también crean una situación altamente inestable, en la que nunca se puede saber cuán representativas son las opiniones predominantes. Algunos quieren terminar con todo este enredo mediante una democracia más directa. Pero no es posible crear conexiones duraderas entre los líderes y los gobernados mediante la reducción del debate público a simples alternativas de referendos.

Hay mucho que decir en favor de mantener las instituciones clásicas de la democracia parlamentaria y tratar de reconectarlas con la ciudadanía. Después de todo, la impopularidad de los partidos y la caída de la participación electoral pueden no ser más que fenómenos pasajeros. Puede que surjan nuevos partidos que insuflen aire fresco a las elecciones y al gobierno representativo. Pero es probable que esto no sea suficiente para restituir la legitimidad popular que los gobiernos electos han perdido. De modo que volver a pensar en la democracia y sus instituciones debe ser una prioridad fundamental para todos quienes aprecian y valoran las formas de organización que garantizan la libertad.

Ralf Dahrendorf, autor de varios libros afamados, es miembro de la Cámara Inglesa de los Lores, ex Rector de la Escuela de Economía de Londres y, además, ex Director del Colegio de St. Anthony, Oxford.

Copyright: Project Syndicate/Institute for Human Sciences, mayo de 2003.

Traducido del inglés por David Meléndez Tormen.

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  1. Nicolás Terc
    octubre 26, 2010 en 4:03 pm

    ¿Por qué a las nuevas generaciones ya no les interesa votar?

    La democracia, según la RAE, es una doctrina política favorable a la intervención del pueblo en el gobierno. Hace ya muchos años, en la gran mayoría de los países del mundo, sólo votaban aquellos hombres que pertenecían a una alta clase social o más bien dicho a una alta burguesía y sólo a aquellos que tuvieran la habilidad de leer y escribir. Con el tiempo, el derecho a voto fue cambiando llegando al momento en que las mujeres también contaron con el mismo derecho. Pero ahora yo me pregunto: ¿Por qué, luego de tantas décadas sin contar con el derecho a voto, a las generaciones de estos días ya no les interesa votar? ¿Cuál podría ser el motivo de tal desmotivación?
    Un partido político propone a sus candidatos quienes proponen sus manifiestos o plataformas como opciones para llevar a cabo su acción política. Por una parte, el problema puede estar en que los partidos han perdido su rumbo ideológico. Me explico, los mismos partidos no están representando su modelo político al cual representar ya que tratan de buscar el apoyo de toda la nación cosa que es realmente imposible. Si analizamos esto en términos económicos, se trataría de una empresa la cual busca que todos consuman su producto sin tomar en cuenta que las personas presentan diferentes gustos e ingresos, por lo que claramente, lo que debería hacer la empresa es dirigirse a un determinado grupo de personas quienes estén realmente interesados en el producto. Los partidos políticos, al intentar encontrar un apoyo por toda una nación, lo único que lograrán será perder su identidad política ideológica la cual la hace diferenciable de los demás partidos.
    Por otra parte, existe una fuerte desmotivación proveniente de los votantes. Los ciudadanos de una nación creen que la política es instantánea, es decir que creen que las acciones que se llevan a cabo en la democracia, ya sean fiscalizaciones, aprobaciones de leyes, entre otras, se pueden apreciar automáticamente con un cambio. Lamentablemente no es así. La democracia es lenta sobre todo cuando existe una situación en la cual se cambia el modelo democrático ya que se supone que se están implementando nuevas reformas en los distintos ámbitos en los cuales se quiere mejorar o generar algún cambio.
    También existe otro motivo por el cual la gente se desmotiva a votar y es porque piensan irracionalmente. Esto se debe ya que piensan que los actores políticos no intervienen o más bien dicho no afecta de manera directa en la vida de cada uno de nosotros.
    Puede ser que la gran mayoría de quienes no votan es debido a que temen a salir elegidos como vocales de mesa. Para este caso ya se implementó un nuevo incentivo el cual consiste en quienes salieran sorteados, recibirán una pequeña suma de dinero. También existe la posibilidad de que a aquellos que no votan les cause molestia el hecho de tener que presentarse en una sede para tener que hacer una fila de entre 20 minutos a una hora tal vez esperando para recién poder sufragar. Para ahorrarse este trámite, hoy en día se está tomando en cuenta la idea de poder votar a través de Internet para obtener una mayor comodidad para las elecciones.
    Ya no se sabe qué más se puede hacer al respecto. El derecho a voto es uno de los derechos más importantes que tienen los ciudadanos ya que a través de este sistema nuestras voces son escuchadas y tomadas en cuenta. En mi opinión, quien no posee o aprovecha su derecho a voto, no cuenta con la oportunidad de atentar contra alguna ley que se promulgue ya que su voz no es apta para ser escuchada. A lo que trato de hacer hincapié es que si eres ciudadano de una nación, debes serlo al 100%.

  2. octubre 27, 2010 en 10:02 pm

    Me faltó una fuente:
    Frases extraídas del reconocido filosofo aristóteles

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