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De estados nacionales a estados globales

Con el paso del tiempo, las relaciones colectivas han evolucionado de forma constante y progresiva, aunque no siempre a favor de la misma sociedad, llevando a esta a sorprenderse de los caminos que ha transitado a lo largo de su existencia.

Inicialmente, los seres individuos (seres racionales que buscan su propio beneficio y se encuentran en una constante guerra con otros individuos) deciden incursionar en una asociación con otros individuos (Leviatán – contrato social) formando comunidades en donde se generan instituciones sociales para respaldar dichos acuerdos y respaldar el orden social (recordemos que uno de los fines de la política social es el de generar orden).

El siguiente paso de evolución es el de una sociedad más compleja, constituida por más individuos, donde el poder mantener el orden se vuelve una situación más compleja (problema de acción colectiva) y donde el peso de este recae en el surgimiento de más  y complejas instituciones. Luego, esto da paso al requerir de terceros (delegación de poder – agentes) para poder mantener el orden (a cambio de someterme a reglas o incluso a la voluntad de este tercero [Feudalismo] a cambio de protección y orden).

Continuando con el proceso histórico, el siguiente movimiento de los individuos es el de evolucionar a la idea de derechos individuales, de aspirar a una sociedad que garantice ya no solo la protección y orden de sus individuos, sino que la igualdad y derechos básicos en cada uno de ellos. Es debido a esto que surge el concepto de estado nación, un estado que persigue la idea de una sociedad que promueve la democracia entre sus individuos. Pero del dicho al hecho existe un gran trecho y podemos ver que como en la practica simplemente se alcanza ha una breve aspiración a esta.  Las sociedades llamadas democráticas se encuentran en una constante batalla por alcanzar la mayor capacidad democrática como les sea posible, balanceando dos conceptos bastante fundamentales, como lo son la capacidad de representación (derecho a sufragio) y la capacidad de debate que promueven a sus individuos (libertad de expresión tanto para el gobierno como para su oposición). Dicho balance es lo que determina (además de los derechos básicos que una sociedad de estado nación “democrática” debe sostener) que tan cercano se esta de alcázar este mundo utópico conocido como democracia, y lo que determina a su vez si una sociedad se clasifica (de forma real) como poliarquías, oligarquías, hegemonías representativas o incluso hegemonías cerradas.

Pero un concepto externo llega ahora a perturbar los conceptos anteriores, y es que los individuos, o mejor dicho las sociedades creadas por estos, se intentan comportar como un solo individuo intentando asociarse con otros, y es lo que actualmente conocemos como el concepto de estados globales, una de las consecuencias de la globalización mundial llevada acabo en las últimas décadas.

Una de las mayores ventajas de la globalización, es que esta permite vigilar a quienes nos vigilan. Dicho de otra forma, la globalización permite que un país, como los individuos de este y aun más importante, el gobierno de este, sea supervisado por otros países (y por instituciones sociales globales: Leyes en contra de la violación de derechos humanos, corte internacional de justicia, etc.).  Esto trae como beneficio el impedir (o limitar) sucesos como genocidios y practicas en contra del mismo gobierno (y de sus individuos e instituciones). Esto es gracias a que la sociedad ya no solo se genera y pertenece a si misma, sino que comienza a formar parte de una sociedad de sociedades, un nivel social aun  más superior, en donde las sociedades pasan a ser globales.

Pero esto trae consigo consecuencias a menudo no contempladas por la misma sociedad, y es el hecho de que se comienza a perder la identidad de sus propios individuos, trayendo consigo un nuevo problema para el estado, la perdida del control de su propia sociedad.

Una de las facultades que le entrega mayor legitimidad de poder a un estado (y de las instituciones de este) es el hecho de una identidad colectiva y común entre sus individuos, que permite (y reponencia) las actividades de un gobierno que representa (aspiración de democracia mediante una poliarquía actual) a todos sus individuos. Pero cuando esta identidad se comienza a quebrantar, el estado (y sus instituciones) comienzan a perder influencia en sus mismos individuos, obteniendo como resultado una penosa cifra de individuos calificados inscritos en el sistema electoral, como una aun más penosa cifra de votantes activos.

Y esto no solo se queda aquí, la pérdida de la propia identidad (o el surgimiento de una nueva identidad ya no en mi sociedad nativa, sino que en una sociedad supra-territorial como lo puede ser el empalizar con costumbres o creencias ajenas a mi nicho social) logra que se expandan los peores vicios sociales, surgiendo movimientos xenófobicos entre otros, en donde podemos observar como la misma sociedad se da cuenta de la expansión de una sociedad supra-territorial (aunque de forma inconciente) y la intenta suprimir mediante acciones de movimientos como los ya mencionados.

Es increíble como a lo largo de una sociedad, en donde desde sus inicios se buscó el accionar en conjunto colectivo, cuando ya ha alcanzado uno de los escalones de unidad social más elevados de los que puede aspirar, las instituciones flaquean y se vuelven endebles frente a este accionar de la sociedad. El estado debe darse cuenta que la falla en su control por parte de la sociedad radica en el hecho de que este no ha evolucionado en el último periodo a la par con su misma sociedad. Actualmente, para lograr el control de una sociedad que se dirige al concepto de una comunidad si barreras, es necesario pensar en un estado sin barreras, un estado que respalde (quizás mediante nuevas instituciones) el accionar de esta nueva sociedad que se esta generando.

Quizás es hora de pensar que las dificultades, el desorden y la desorientación a la que se ve envuelta nuestra sociedad actual es por que esta pide a gritos el nuevo paso de evolución de la política contemporánea, la existencia de instituciones y estados totalmente globales.

 

“Globalizacion y cultura: Homogeneidad, diversidad, identidad, libertad”; Tom G. Palmer: http://www.elcato.org/node/1425

Globalizacion y cultura: Homogeneidad, diversidad, identidad, libertad
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