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El mercado de la democracia

Es un hecho que la democracia y sus instituciones ya no presentan las mismas características que poseían hace 20 años. En un mundo globalizado y, como se señala en el artículo, instantáneo, los votantes le piden a los actores políticos cosas que muchas veces estos últimos no pueden darles. Al vivir todos en un mundo abierto al mercado internacional, muchas veces tenemos lo que se denominan “necesidades importadas”. Con esto se pretende indicar que son producto del intercambio y la interconectividad entre las naciones y pueblos y al escapar de los distintos territorios, los actores políticos locales caen en el error de prometer cosas que saben que no pueden cumplir, ya que muchas veces las soluciones a los problemas de la ciudadanía se encuentran fuera del control interno. En la actualidad, en un mundo rutilantemente rápido, las necesidades buscan ser cubiertas de la manera más rápida posible y si una solución tarda mucho tiempo en dar luces de avance, simplemente se opta por otra. Aquí se genera un problema, dado que los procesos políticos son generalmente muy lentos y es difícil transmitir a la ciudadanía la visión compartida de una causa común. Quizás nuestro sistema o modo de ejercer la democracia está quedando un poco obsoleto debido al rápido avance de las comunicaciones, la generación de tendencias y el creciente individualismo derivado del libre mercado. Es un hecho preocupante que las personas estén tan desapegadas de lo que acontece en el espacio público, ya que podría eventualmente poner en riesgo la validez de un sistema democrático como lo conocemos al generar una despolitización en vez de una politización de los asuntos, vale decir, un retroceso. El asunto, bajo mi punto de vista, se debe a que los partidos políticos se han quedado sin agenda, por lo que tienen poco o nada que ofrecer a los votantes, y por lo mismo, es muy poca la representatividad que pueden generar. Los sistemas democráticos actuales tienen como piedra angular el poder legislativo, que es en su totalidad elegido entre los mismos partidos políticos. Pero muchas veces sucede que no existe un verdadero incentivo individual de las personas para ir a votar, como era antaño por todas las luchas fervorosas que nuestros padres conllevaron, para cualquier sector y tengo la percepción, que los partidos actuales paradójicamente se quedaron estancados en la antigua lucha, en vez de evolucionar conforme a los tiempos.

Al igual que la oferta, considero que los partidos políticos, y las instituciones democráticas deben moldearse según como vaya cambiando el mismo mercado, en este caso, el mercado de los votantes. En caso contrario y, en una visión bastante catastrofista, es posible que el mercado de la democracia deje de existir y simplemente porque los oferentes no saben interpretar lo que los demandantes de verdad quieren (o requieren).

 

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