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Representación legítima

El origen de la democracia se remonta al inicio de los sistemas políticos que intentaron ser más participativos, Grecia y Roma específicamente, y desde ese entonces la definieron como un sistema utópico, como “el gobierno del pueblo”, en el que todas las personas catalogadas como aptas para ser ciudadanos que cumplieran los requisitos básicos pudieran gozar de un gobierno participativo, en el que sus peticiones serían escuchadas y en el que podría expresar sus opiniones. Es importante mencionar que el porcentaje de personas que cumplían estos requisitos era el mínimo de cada civilización, cosa criticable pero a mi parecer destacable, si nos ponemos en el contexto de los inicios de la organización política del mundo.

Ahora, que la libre expresión ni si quiera puede ser cuestionada, ya que todas las personas se supone que tienen el derecho de expresar lo que piensan ni tampoco deben cumplir requisitos como los pedidos en la antigua Grecia, estas han decidido, por amplia mayoría, no expresar su opinión, en palabras más simples, han decidido no votar. Esto trae como consecuencia que los gobiernos de los países no sean representativos, no estén legitimados en el grupo mayoritario de la sociedad. Podemos catalogar a estas personas de poco comprometidas con el país, autoexcluidas del espacio público…etc. Pero si profundizamos un poco el análisis ¿De quién es la culpa de que haya un porcentaje tan grande de personas desmotivadas con expresar su opinión y convertirse en ciudadanos participativos y comprometidos con su país? Quizás esta es una pregunta que se han hecho todos los partidos políticos previo a los procesos electorales, ya que una fuente importante de votos son las personas que se abstienen de votar y que, generalmente son jóvenes. Según lo que ha seguido sucediendo en la mayoría de los países parece que nada ha cambiado y que no se ha logrado ningún avance al respecto, entonces, ¿Dónde está el problema? ¿Cual es la raíz? A mi parecer el problema son los representantes, ellos tienen el deber de expresar lo que la ciudadanía quiere, pero como la mayoría de las personas no encuentra ningún político que cumpla con los requisitos para poder entregarle su voto, simplemente se limitan a no votar.

La tarea de un representante del pueblo es muy importante y creo que muchas veces no se le toma el peso suficiente ni se busca el cargo por las razones correctas. La vocación de servicio público no la tienen todas las personas y cuando esta no forma parte de sus objetivos fundamentales es mejor que no haya personas que lo legitimen con su voto, pues lo más probable es que no se desempeñe bien.

Cuando una persona con verdadera vocación demuestre con hechos concretos que realmente quiere lo mejor para la ciudadanía y está comprometido con su cargo, seguramente va a movilizar a muchas más personas que cualquier campaña que fomente la participación en las elecciones, porque para entregarle tal poder de decisión cualquier persona, a mi parecer, hay que pensarlo dos veces.

Javiera Villela.

Referencias en:

– http://www.ucema.edu.ar/publicaciones/download/documentos/175.pdf

 

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