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Política y estrategia

noviembre 24, 2010 Deja un comentario

Los políticos son personas. Las personas somos únicas, y por lo tanto, podrá haber una descripción lo suficientemente precisa y diferente como para distinguir a uno de otro. Quizás lo fundamental sean sus valores, virtudes y defectos. Algunos más avaros, otros con más vocación de servicio. Unos entusiastas y trabajadores, y otros más agresivos y egoístas.

Pero lo cierto es que, cada uno de ellos, al final del día, debe manifestar, de una u otra manera, una preferencia o postura determinada para cada uno de los innumerables temas que se han logrado politizar -y los que no también- en el parlamento. En este sentido, resulta clave el manejo que cada uno de ellos pueda llegar a hacer con tal de que sus preferencias sean las elegidas, o al menos lo suficientemente cerca del status quo para sentirse satisfechos. Por lo tanto, no es trivial el punto de vista que se tome para realizar ciertos juicios sobre las acciones, las predilecciones o si acaso son racionales o no los políticos, pues depende de sus principios y convicciones más ocultas, como también de aquellas motivaciones que se despiertan en ellos, de acuerdo a lo que esté en juego, que los conlleva a actuar estratégicamente de cierta forma. Finalmente, resulta evidente que detrás de las intenciones o de la ineptitud aparente existen motivaciones ocultas.

Por otra parte, y para lamentarse, en la mayoría de “ciertos casos” se ve que el poder precede a la ambición. Y en este sentido, y aunque muchos se sorprendan ante aquellos esporádicos pero infaltables casos de corrupción, la regla se vuelve a manifestar.

En definitiva, son las condiciones existentes las que llevan a que la política sea como es. Si bien se ha intentado que aquellos puestos del servicio público sean lo más eficientes posibles, las personas que los ocupan intentarán, por naturaleza, encontrar aquel subterfugio que les permita sacar provecho. Si alguna acción indebida se hace extremadamente evidente para la sociedad, el sistema falla. Pero mientras aquellos actos se puedan mantener en estricto secreto, la política podrá subsistir en el futuro.

 

Ni la más dura, ni la más liviana.

octubre 20, 2010 Deja un comentario

¿Es posible pensar que algún día el ser humano sea vencido por algo que él mismo creó?

Quizás se necesite que se desate una catástrofe de proporciones monumentales, que dejen con vida a unos pocos seres humano. De esta forma, el miedo y la ansiedad provocarían que hasta los más indiferentes sintieran la necesidad de hacer todo lo que esté a su alcance por revertir el peligro. Sin embargo, pareciera ser absurdo pensar que algún día la humanidad se vería extinta en su totalidad por una causa que no solamente ella misma creó, sino que antes de desaparecer, fuese ampliamente vista y observada para luego ser además profundamente analizada. Entendidos desde los más generales, hasta los más mínimos detalles, me parece que, al menos, por lo que se ha demostrado en la historia, sería posible hacer estéril la amenaza. Como hemos visto durante el curso, cuando una amenaza se hace verdaderamente creíble, aparece aquel vínculo social que permite a los individuos unir fuerzas y combatir hasta alcanzar aquel anhelado objetivo común.
“Entonces será demasiado tarde para intentar atenuar una crisis que ya se habrá convertido en destino.”
Me refiero a esta frase con la que Alain Touraine termina su escrito. Al respecto, me parece que nunca será demasiado tarde como para que el hombre no se dé cuenta de que hay algo que es realmente importante y quizás, aún más, urgente. Y no sólo intentará atenuar el desastre, sino que buscará encontrar la causa y logrará implementar cambios radicales que permitan desarticularla. El solo hecho de que el autor mencione que es posible identificar y relacionar esta seguidilla de crisis que han azotado al mundo como causas y no como consecuencias, respecto de aquellas características subyacentes que presenta el capitalismo, me hace pensar que posiblemente no sea el único que ha obtenido estas conclusiones. Y qué importa si fuese el único, pues permite que los demás puedan abrir sus ojos y observar este punto de vista. De cualquier forma, el ser humano ha atravesado una enorme cantidad de adversidades durante la historia de la humanidad, y ha sabido salir más bien que mal en el balance general. Además, esta problemática no pareciera ser ni la más dura ni la más liviana con la que haya tenido que lidiar, aunque concuerdo con que, a priori, aparece como una bastante singular.
De cualquier modo, el autor está intentando dar una explicación. Pero es una opinión, y como toda opinión, es subjetiva. Vale la pena analizar si acaso está siendo efectivo en su intento de hacer que dicho tema, asociado a su opinión, entre al espacio público.
Sin embargo, y aunque Alain fuese o no una nueva eminencia en esta materia, que movilizara o no a preocuparse sobre aquellas particularidades subyacentes al capitalismo, considero que la entidad que debiese velar porque este tipo de situaciones se tengan siempre en cuenta son las instituciones.

Tendencia: ¿Clientes como socios?

septiembre 25, 2010 Deja un comentario

Quizás no resulte sorprendente que los vecinos del sector de Martín de Zamora hayan rechazado la propuesta. Sin embargo, que Cencosud haya planteado el proyecta de la forma en que lo hizo, parece al menos curioso.

En la actualidad, la gran mayoría de las grandes empresas parecen haber entendido que el verdadero éxito se obtiene cuando se establecen relaciones redituables a largo plazo con los clientes. Mientras mejores sean los vínculos, mayor será el provecho que ambas partes obtendrán. No obstante, este ejercicio no resulta sencillo; se trata de hacer una identificación mental y afectiva del interlocutor desde el punto de vista propio. Acoger y hacer partícipe a mi enemigo, para así poder transformarlo en socio. Probablemente Cencosud realizó dicha acción, pero sin éxito. Seguramente el proceso de observación e interpretación que llevaron a cabo de la zona y sus habitantes fue errado.

Lo lamentable es que Cencosud, refiriéndose a este hecho,  lo califique como “un traspié que no debería tener mayores consecuencias”, (Ver artículo http://www.plataformaurbana.cl/archive/2010/06/08/tras-reves-en-proyecto-comercial-ubicado-en-martin-de-zamora-cencosud-se-enfoca-en-abrir-costanera-center-en-2011/) pues más allá que podría traducirse en una pérdida económica importante en el futuro de la organización, no han visto la real magnitud de sus errores. No entender la industria, su entorno y sus constantes y vertiginosos cambios, podría provocar que la empresa se venga abajo. Como dice el refrán, “no hay peor ciego que el que no quiere ver”.

Como si fuera poco, y aunque el proyecto de la empresa de retail no fuera óptimamente bien pensado ni elaborado, el hecho que fundamentalmente impidió su éxito fue la notable agrupación de los vecinos. Se podría pensar que este hecho es un claro ejemplo de que la unión hace la fuerza, sin embargo acá hay al menos un poco más que eso. Y ese poco más, es astucia. La habilidad para reunir y motivar a las personas a trabajar con miras hacia un objetivo común es digna de alabar. Si bien es común que las personas se agrupen y manifiesten contra aquello que les provoca tensión, no son muchas las que logran con éxito una solución que les permita la calma. Como hemos estudiado en el curso, son muchos los grupos de una sociedad que están constantemente tensionados, por una realidad que interpretan como desigual. Pero no siempre logran “politizar” dicho tema, es decir, lograr que dicho tema ingrese al espacio público y por ende al debate. Los vecinos lograron que su malestar se hiciera escuchar.

Para concluir, me gustaría enfatizar el hecho de que nuestro entorno está constantemente cambiando. Parece trivial, pero muchas veces a los actores de una sociedad se les olvida. Creo que Cencosud y cualquier otra empresa que quisiera establecer vínculos de una u otra forma con la sociedad, debe entender no sólo que hoy la tendencia es hacer partícipes a los clientes, sino que la tendencia puede tanto acrecentarse, como también mantenerse, disminuirse o transformarse.

¿El juez o la ley?

agosto 27, 2010 Deja un comentario

Aquellos asuntos en los que la ley no alcanza para dictaminar por sí sola, obligando al juez a decidir, nos conduce al análisis de dos elementos.

En primer lugar, debemos observar a dicho juez y el rol que desempeña.

Según lo estudiado en clases, cuando existen conflictos entre iguales, una de las posibles soluciones para hacer creíble la amenaza, o bien, para que el acuerdo sea respetado por ambas partes, es utilizar a un tercero. Este tercero, será el responsable de velar por el correcto cumplimiento del contrato estipulado. Sin embargo, decir que esta entidad funcionará con estricta rigurosidad porque el pacto así lo especifica, parece, a lo menos, imposible. Este es el papel que le toca ejercer al juez.

Bajo esta situación, podría parecer atractivo elaborar una estrategia que permita reducir aquella probabilidad de que el juez actúe, incluso inconscientemente, bajo la óptica de sus principios, desarrollando aún más la forma en cómo logramos que una institución, entidad, o como en este caso, un juez, logre abstraerse completamente de sus convicciones éticas, y de sus creencias únicas e individuales, para poder ejercer con cada vez menor arbitrariedad. Pero como contraargumento, es precisamente porque los principios y creencias son características innatas y subyacentes a las personas, que es imposible pensar en políticas que permitan cambiarlas, ajustarlas o adaptarlas.

Sin embargo, la dificultad no sólo encontrará fuerza ante la eventualidad de que dicho tercero no actúe con rigor, sino que la elaboración de la norma arduamente considerará el inmenso abanico de posibilidades que se pueden presentar para cada uno de los casos.

Es por esto que en segundo lugar, se debe examinar la ley y cómo esta es elaborada. A mi juicio, es precisamente en el ámbito de la elaboración de proyectos de ley donde todavía hay mucho campo para trabajar y avanzar.
Pero para que esto se logre, el objetivo debe ser poder prescindir de la forma en cómo el juez actúe. Que no importen aquellas características subyacentes que lo lleven a actuar de tal o cual manera, pues las leyes serán capaces de valerse por sí solas.

Bajo este horizonte, una posibilidad podría ser crear tantas leyes como eventualidades pudiesen presentarse. Sin embargo, es una opción que difícilmente podría ser llevada a cabo. Tiene mucho de ambiciosa y poco de factible. Además, no sólo será difícil considerar y legislar de acuerdo a cada eventualidad, sino que entre más leyes existan, mayor será la dificultad para el juez cuando tenga que sustentarse o valerse de alguna para poder dirimir. Mientras más precisa sea una ley, más se diferenciará de un hecho concreto.

Pareciera ser que, bajo este análisis, la posible solución se podría encontrar organizando tanto al juez como a la ley. Podría ser que, bajo leyes generales, los jueces atendieran a cada caso como uno particular y único. Que se observaran los detalles de cada situación para evaluar y posteriormente dictaminar. Cada escenario debiese tener una resolución exclusiva, en donde los terceros, eso sí, no tengan intereses comprometidos.