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¿Quién paga el costo?

noviembre 28, 2010 Deja un comentario

Hoy en día la política se encuentra en una crisis. Cada vez más, la ciudadanía confía menos en sus gobernantes, y los gobernantes no hacen mucho para cambiar la mala fama que  tienen. Pero la verdad es que si la política es una carrera en la cual uno espera prosperar, es difícil hacer un cambio radical, lo que muchas veces se necesita. Cambiar el status quo es mucho más dificultoso de lo que se piensa.

Muchos políticos llegan con buenas intenciones a sus puestos, pero al ver que ostentan tanto poder, se les olvidan las tantas promesas que hicieron. El status quo favorece a muchos, y al intentar mover la sociedad a otro punto de equilibrio, muchos quedan afuera.  Es suicidio político cambiar las cosas de cómo están en la actualidad. Es un gran riesgo tomar la responsabilidad de una decisión que afecta a miles de personas.  ¿Y si sale mal? ¿Quién sería responsable en ese instante? ¿Y las personas que sufren con el cambio? ¿Serán ellas las que tienen que pagar un cambio que no querían en primera instancia?  Los políticos prefieren ser recordados por haber mantenido una especie de paz en la sociedad sin mayores problemas. Especialmente si quieren hacer carrera dentro de la política y mantenerse por varios años.

En el caso de que llega una persona al poder que sí quiere hacer los cambios necesarios para mejorar la sociedad, existe una gran burocracia detrás de una decisión.  El Congreso, en vez de mejorar el proceso, lo torna más complicado. Una decisión debe pasar por varios procesos antes de poder ser implementada. Por lo tanto, se necesita de un gran respaldo para poder hacer un cambio. Si tiene muchos en oposición,  su poder político se ve drásticamente disminuido, y aunque tenga las mejores intenciones del mundo, la burocracia ganará.

Un claro ejemplo de esto es el Presidente Obama y el cambio en la salud. Los presidentes antes de él nunca tomaron una decisión en cuanto a las falencias del programa de salud, ya que sabían que iban a enfrentar mucha controversia. Para Presidente Obama, ha sido difícil pasar el proceso de aceptación, y se enfrenta con grandes oposiciones al presentarse como candidato presidencial por segunda vez.

Es por esto  que la política se encuentra en un círculo vicioso. Si bien a la gente le gusta apuntar el dedo a todos menos a ellos mismos, es culpa tanto de los votantes como los propios políticos el estado actual. Por esto mismo, se necesita cambiar la burocracia existente, votando por políticos que más que buscando una carrera dentro de la política, buscan hacer un cambio sin importar su costo en su carrera.

http://www.realclearpolitics.com/articles/2009/12/19/the_health_care_bill_is_political_suicide_99590.html

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¿Por qué la gente no vota?

octubre 27, 2010 Deja un comentario

En el artículo “La Democracia Desconectada”, Ralf Dahrendorf plantea el problema al cual se enfrenta la política hoy en día: ¿por qué la gente no vota? La respuesta debe ser que simplemente los costos de votar superan los beneficios de realizar dicha actividad.

En un mundo individualista como el cual enfrentamos hoy en día, todos se interesan de su vida privada, e ingresan al espacio público cuando un interés individual se ve amenazado. Aunque los políticos promuevan sus propias agendas y no las del electorado, las personas dejarán que esto continúe si sus derechos no corren peligro alguno.

A través de los años, la política ha demostrado que al fin y al cabo, no es el que mejor representa la población el que gana, sino más bien el que tiene una mejor propaganda. Y la propaganda que impacta se recibe de las grandes corporaciones, no de las personas individuales. Por esto mismo, la gente ya no se siente identificada con los partidos, y la política cae en un círculo vicioso: la gente no vota porque no se siente identificada, pero no se siente identificada porque no vota. A menos que se pueda romper este círculo, seguiremos cayendo en este, hasta que la democracia se convierta en una autocracia.

En algún punto, el autor plantea que la gente de hoy en día se ha vuelto cada vez más impaciente, y la democracia es un proceso lento que dura varios años antes de mostrar cambios aparentes. Él dice que ésta puede ser una de las razones por las cuales las idas a las urnas han disminuido. Sin embargo, se ha demostrado que los jóvenes participan en la política a través de diferentes tipos de páginas web, donde escriben y debaten sobre diferentes puntos de vistas. ¿Y por qué no votan? Lo más probable es porque sienten que los blogs y foros son una forma mucha más directa de participar que a través de las votaciones. Eso sí, a través de los años ha aumentando la discusión sobre las razones de por qué la gente no quiere participar en la política, y se ve como de a poco este tema entra en el espacio público. Como modo de ejemplo, en Chile se comenzó  a hablar sobre las votaciones voluntarias en vez de obligatorias una vez que uno se inscribe, para así comenzar a atacar esta apatía hacia las elecciones.

Hoy en día, la mayoría de la gente no está buscando un cambio radical en la política, sino más bien siente que es tarea de la política mantener el status quo. Es por esto que hasta que los temas que resuelva la política no cambien el orden actual, o hasta que cambie el paradigma de las personas que sientan que nuevos temas deban ser resueltos dentro de ésta, la cantidad de votadores no cambiará.

http://www.lanacion.cl/prontus_noticias_v2/site/artic/20090125/pags/20090125213105.html

Los cimientos para una democracia

septiembre 27, 2010 Deja un comentario

Desde los tiempos antiguos, la relación entre democracia e imperio de la ley han producido un gran debate. El término “democracia” nació en el antiguo imperio de Grecia, lo cual traducido directamente significa “poder del pueblo”. La democracia en Atenas específicamente era directa, significando que cada uno podía opinar y votar acerca de los temas que entraban en el espacio de la política. Sin embargo, a medida que aumentó la población, también aumentó la tensión social, y una democracia directa ya no solucionaba los problemas de manera efectiva. Por esto mismo, se creó una democracia representativa, donde la gente vota por sus representantes, los cuales a su vez votan directamente en temas de contingencia pública. A pesar de que este tipo de democracia resolvió algunos problemas, creó otros. He aquí donde surge la pregunta que Ralf Dahrendorf nos plantea: ¿qué pasa con la democracia cuando se elige le gente errada como representantes?

Ya que el conflicto que surge entre los políticos es un conflicto entre iguales, las únicas soluciones son: aprehensión de normas, un corte de relaciones, o la existencia de un tercero. La democracia, entonces, debe poseer un cierto sistema de frenos y contrapesos de los representantes, para que así aún sea efectiva como forma de gobierno legítima. Por esto mismo, surge el término de “imperio de la ley”.  Este término afirma que nadie es inmune a las leyes del país. Al tener el imperio de la ley dentro de un país, le otorga legitimidad al poder político de los representantes, a la vez poniendo límites a este poder para que no caigan en el abuso e imposición de reglas. La democracia asegura que todos debemos ser igual ante la ley, pero para esto, se necesita un sistema que garantice cierto derechos. Sin un imperio de la ley, una mala elección puede terminar con la democracia, y años de arduo trabajo pueden haber sido en vano. Tal cual es el ejemplo que el mismo autor plantea de Irak. El pueblo americano, en vez de instaurar una democracia en el suelo iraquí, debería comenzar por los cimientos de ésta: un imperio de la ley.

Hay algunos autores que ven el imperio de la ley como un impedimento en los pueblos democráticos.  ¿Cómo puede ser que el imperio de la ley sea el cimiento de la democracia si son totalmente opuestos? ¿Nos podemos sostener en leyes que fueron hechas en un contexto totalmente diferente al cual vivimos hoy en día? Es verdad que las constituciones, donde se manifiesta el imperio de la ley, están hechas para que los gobiernos no se extralimiten, pero a la vez puede ser que limiten demasiado al gobierno al poder actuar, especialmente en tiempos de crisis. Sin embargo, como se ha visto en numerosos países, sin el imperio de la ley, la democracia es simplemente un estado de transición, inestable y fácil de derrotar.

En conclusión, los países deberían tener establecido primero el imperio de la ley, para después embarcarse en la búsqueda de la democracia, y no al revés. Sin los cimientos, no se puede construir un país próspero bajo este tipo de gobierno.

Referencias:

http://aristotle.thefreelibrary.com/A-Treatise-on-Government/3-16

http://www.unesco.org/issj/rics152/gibsonsp.htm

http://www.historyworld.net/wrldhis/PlainTextHistories.asp?historyid=ac42

¿Tendrán los jueces la autoridad de tener la última palabra ante temas que conciernen a toda la población?

agosto 27, 2010 Deja un comentario

El aborto, el matrimonio entre personas del mismo sexo, son algunos de los problemas que enfrentamos hoy en día. En algún punto, estos problemas llegarán a movilizar a la comunidad de tal manera que entrarán en el área de la política. Aunque hay muchas maneras de resolver estas preocupaciones, una de ellas es a través del sistema judicial. Es difícil encontrar un consenso en la mayoría de los problemas sociales, y es por esto que se utiliza un sistema que tenga reglas definidas, para que así ambas partes sientan que la decisión final es justa. Ahora bien, la pregunta es, ¿tendrán los jueces la autoridad de tener la última palabra ante temas que conciernen a toda la población? A pesar de que los jueces sí tienen sus propias creencias y puntos de vista, el sistema judicial es una manera eficaz de resolver problemas que nunca tendrán una respuesta fácil.

Hoy en día, no sólo en el ámbito político, sino también en el ámbito privado, ha habido un gran aumento en la judicialización de los problemas. Esto es porque la gente ya no confía en la justicia en manos de los individuos involucrados, y prefieren que el gobierno decida por ellos. Si bien esto puede significar que la gente ya no quiere tomar la responsabilidad por la solución final, también demuestra una confianza en el sistema vigente.

 Primero que nada, los jueces no toman una decisión sin tomar en cuenta una pauta definida por las leyes. El juez, a pesar de tener sus propias convicciones, no puede llegar a una solución sin tener cimientos para esta.  La segunda obligación básica de los jueces es llegar a una sentencia fundamentada.  Los problemas de mayor envergadura, los cuales se encuentran con un conflicto de valores, son enviados a la Corte Suprema. Los casos en esta corte son presenciados por no menos de cinco jueces, los cuales votan en última instancia para llegar a un dictamen.

Segundo, la mayoría de las veces, en los problemas sociales que afectan a toda la nación, la decisión de los jueces sí refleja una solución latente dentro de la sociedad. Si en algún momento un juez toma una decisión que no satisface las necesidades de la socideda, el problema surgirá en algún momento u otro. E incluso, aunque el fallo en un momento dado se perciba como una equivocación, pueden provocar un cambio de perspectiva del problema. Las decisiones judiciales, más allá de tener meramente un efecto directo en la sociedad en cuanto al fallo final, desencadenan transformaciones sociales que pueden cambiar la forma en la cual las personas interactúan y se desenvuelven en la política. Un ejemplo de esto es el caso de Brown vs Board of Education en Estados Unidos (http://www.loc.gov/exhibits/brown/brown-brown.html). La segregación había sido un tema en la historia de EEUU desde hace mucho tiempo. Sin embargo, en 1954, finalmente llego al ámbito de la política, en la cual se falló en contra de la segregación de las escuelas públicas. Esto causó una gran conmoción, pero al final se logro integrar a estudiantes blancos con estudiantes negros.  Si esta solución hubiera ido totalmente en contra de los sentimientos de la nación, hubiera causado un desastre catastrófico, elevando aún más la tensión social. En este caso, lo más probable es que se hubiera tenido que llevar nuevamente a los tribunales para encontrar una mejor solución. De alguna manera u otra, es el vox populi el que tiene siempre la última palabra, aunque no lo parezca a primera instancia.

Un argumento en contra de esta postura es: si se judicializan todos los problemas sociales, llegaríamos a un gobierno meramente judicial, donde el sistema político no tendría peso en la decisiones finales.  Personalmente, opino todo lo contrario. El hecho de que haya un creciente movimiento hacia la judicialización de los problemas demuestra que la sociedad confía en los jueces a tomar la decisión correcta en cuanto a los problemas surgidos. En el caso de que el fallo vaya en contra de los valores preponderantes de la nación, la personas se movilizan de tal forma a que el problema surja nuevamente en el ámbito de la política, hasta que se llegue a una sentencia que modere la tensión social a un nivel adecuado (es decir, que la decisión final sea acorde a lo que la mayoría de la sociedad cree).