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“Si un pueblo tiene el gobierno que merece, ¿cuándo mereceremos no tener ninguno?” Paul Jean Toulet

noviembre 29, 2010 Deja un comentario

En una sociedad acostumbrada a la corrupción en sus instituciones, a los políticos faranduleros y preocupados solo por los resultados que arrojan las encuestas, a la poca participación política de sus ciudadanos, y a la escasa representación que tienen estos en el Estado; no es inaudito que aparezca la interrogante de si la política tiene futuro alguno.

Los primeros en ser culpados son los actores políticos que, junto a los partidos a los que pertenecen, les venden a los ciudadanos un “discurso de buenas intenciones” que pocas veces es cumplido. Es así como empieza la desilusión de la gente hacia la política: les prometen mil y una soluciones donde, supuestamente, el único costo será votar por tal candidato y así tendrán a su disposición un “servidor público” con increíbles poderes para por fin darles lo que necesitan.

Pero, ¿quiénes son los verdaderos responsables de que ocurra tal decepción? ¿Los políticos que ofrecen lo que no pueden dar (o no les interesa dar)? ¿O sus ciudadanos que, ingenuamente, siguen votando por aquellos que les prometen “el oro y el moro”?

Si consideramos que un individuo es racional al elegir la mejor alternativa para alcanzar sus objetivos, se podría calificar de irracionales a los políticos dado que dedican tiempo y esfuerzo por el bien común, dejando de lado sus propios intereses. Pero todos sabemos que esto no es así. Hoy en día, la falta de credibilidad de las instituciones existentes permite e incentiva que actúen de manera corrupta, pasando de ser el “irracional servidor público” a un muy racional individuo que sabe que podrá sacar provecho para sí al tener un cargo público.

El tener esta clase de políticos debería justificar todos los conflictos existentes, pero el dilema está en que son los mismos afectados quienes eligen a estos “mal intencionados e ineptos” personajes. Lo curioso aquí es que los votantes no se sienten responsables en ningún sentido de los fracasos de sus representantes electos y, en cierta medida, es legítimo que crean aún que podrían ser capaces de arreglar algo porque, según dicen, “la esperanza es lo último que se pierde”.

Si los ciudadanos son los que tienen el poder de decidir quién saldrá electo y, por ende, elegir a los más aptos para solucionar sus problemas ¿por qué seguimos igual? Hay dos razones: en primer lugar, son cada vez menos los que se inscriben en el Registro Electoral, donde aquellos que votan sí sienten una conexión con algún partido político, por lo que si estarán representados y tal vez así obtengan algún beneficio (al menos tienen más posibilidades). En segundo lugar, la mayoría de los candidatos que se presentan son de avanzada edad, llevan (demasiado) tiempo participando en política, y están encerrados en cierta forma de hacer las cosas. Ambas razones están correlacionadas y derivan en el “desencantamiento” de la gente por la política.

¿Qué opciones tenemos? Podríamos seguir esperando tener suerte y continuar votando con la esperanza de que algún día salga electo un político que sí cambie las cosas. O, simplemente, dejar de votar como muchos ya lo han hecho. El inconveniente aquí es que necesitamos del Estado y, por ende, de los políticos, porque son los que nos proporcionan orden social, sin ellos terminaríamos en caos.

Al parecer, la mejor opción sería conservar la esperanza ya mencionada, pero no sosegadamente: es necesaria una intervención, pero ¿de quién? De cada uno de nosotros, dándole la oportunidad a los jóvenes de intentar cambiar las cosas. Es necesaria una renovación de gente, de ideas, de aires; y quién mejor que la juventud que ha visto los errores de los veteranos, que ha sufrido las consecuencias de ellos, que ha criticado y sentenciado las cosas mal hechas. Porque ya basta de reclamar por el sistema. AHORA es el momento para intervenir y cambiarlo, para luchar por él y convertir por fin cada uno de los países del mundo en lo que la gran mayoría desea, pero que unos pocos están desperdiciando. La política sigue viva, pero solo tendrá un futuro si cada ciudadano participa en ella. De Jovellanos dijo: “ Los pueblos tienen el gobierno que se merecen”, logremos tener, entonces, un gobierno que se merezca al pueblo.

http://www.theclinic.cl/2009/10/01/reflexiones-de-un-moya/

http://www.hamyguito.com/senoromoro.html

http://www.analitica.com/va/politica/opinion/1789884.asp

http://geografiasubjetiva.com/2008/02/28/decisiones-irracionales-que-pueden-ser-muy-racionales/

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¿DEMOCRACIA ENFERMA?: Síntomas y Medicinas

octubre 27, 2010 Deja un comentario

“No hay salud política cuando el Gobierno no gobierna con la adhesión activa de las mayorías sociales.

José Ortega y Gasset

 

Hace algún tiempo ya, se ha hecho notoria los cada vez menos ciudadanos que se inscriben para participar en las elecciones democráticas de su país. Conjuntamente, el porcentaje de aquellos que sí están inscritos, pero que no votan, ha ido en aumento y crece el número de votos nulos o blancos. Todo esto ha provocado debates y cuestionamientos acerca de la legitimidad de los elegidos e, incluso, sobre la misma democracia electoral. Cuestionarnos sobre la “salud” de nuestro sistema y buscar las “medicinas” correctas para “sanarlo”, deberían ser los temas “sobre la mesa” de hoy.

 

Se han planteado infinidad de explicaciones tratando de comprender el fenómeno que está ocurriendo en el mundo hoy; un mundo globalizado, homogeneizado y capitalista. Lo natural sería imputar al modelo de vida que caracteriza a los humanos de este mundo: el individualismo, pero ni especialistas ni ciudadanos lo acusan. No, los culpables de que cada vez se participe menos electoralmente son los propios partidos y actores políticos, en ellos se ha dejado de creer y confiar.

 

Constantemente vemos como los actores políticos abusan de los beneficios otorgados por el poder político adquirido, cometen corrupción, o simplemente no cumplen con las promesas hechas en campaña; disminuyen así la credibilidad en ellos y alejan a los votantes en vez de generar una conexión donde se vea presente la verdadera democracia. “El juego de los partidos se convierte en un deporte de minorías” dado que la mayoría de la gente no quiere pertenecer a ellos, lo que genera un círculo vicioso, aumentando el recelo hacia ellos. Además, debido al acelerado mundo de hoy, los ciudadanos quieren ver resultados inmediatos de su elección, lo que crea decepción en ellos dado lo poco factible de esto.

 

El dilema está en que los partidos son necesarios para practicar la democracia, pero no existen incentivos para los ciudadanos, decepcionados del valor de su voto y de las opciones que les ofrecen, para participar activamente. Por esto se plantean diversas soluciones a esta “desconexión”.

 

En primer lugar, se podrían buscar nuevas formas de conocer lo que la ciudadanía quiere. Por ejemplo, mediante marchas o campañas; correos electrónicos masivos y blogs; o también a través de organizaciones no gubernamentales. Se podría inventar un medio eficaz para conocer lo que quieren y necesitan, pero sería solo un “parche en la herida”. No es la mayoría de la población la que participa en estas actividades, por lo que se volvería a cuestionar la legitimidad de lo elegido por minorías.

 

Por otro lado, puede que exista una solución mucho más sencilla: renovar los partidos políticos y a sus protagonistas. Sabemos que los principales “enemigos” de los partidos son los jóvenes; son ellos los que cada vez se inscriben menos o deciden no votar. Ellos manifiestan lo poco representados que se sienten como la principal razón de no participar; partidos que tildan de “viejos”, conservadores y descontextualizados. Al mismo tiempo, son pocos los candidatos jóvenes, y es aún menor la cantidad ganadora. Nuevamente se forma un círculo del cual es difícil salir.

 

Algunos plantean que la solución es eliminar los partidos políticos y cambiar la democracia electoral. Es así como incitan a abstenerse de votar como manifestación de una “libertad verdadera” donde no la entrego a “políticos déspotas”. Esta total desconexión es el principal soporte de los autoritarismos, donde “el mayor castigo para quienes no se interesan por la política es que serán gobernados por personas que sí se interesan” (Arnold Toynbee).

 

Se sabe que el único método que genera una mayor participación de la población es el sufragio universal, el resto son aún más minoritarios. Por lo que hoy nos debemos concentrar en cómo aumentar esa participación y no en buscar nuevas formas; renovando los partidos políticos existentes o incluso, si es necesario, creando unos nuevos, porque debemos adaptarnos a este nuevo mundo, tal como se ha hecho durante toda la historia, haciendo de “la política el arte de aplicar en cada época aquella parte del ideal que las circunstancias hacen posible” (Canovas). Es por ello que la responsabilidad principal está en los mismo partidos políticos, son ellos los que deben esforzarse y cambiar, por que “los partidos políticos no mueren de muerte natural; se suicidan” (José Enrique Rodó).

 

http://www.mercaba.org/FICHAS/Capel/participacion_politica.htm

http://www.mundocitas.com/buscador/Politica

http://www.elmostrador.cl/opinion/2010/01/04/%C2%A1es-la-politica-estupido/

http://akratas.blogspot.com/2008/01/las-elecciones-democrticas-no-son-ms_23.html

 

 

Pagan Justos (ignorantes) por Pecadores (aprovechadores)

septiembre 29, 2010 Deja un comentario

“La democracia sustituye el nombramiento hecho por una minoría corrompida, por la elección hecha merced a una mayoría incompetente.” SHAW, George Bernard

Dahrendorf plantea que la definición que da Popper a la “Democracia” como “modo de sacar a quienes están en el poder sin derramamiento de sangre” no es suficiente para lo que ocurre con los Estados Democráticos de hoy en día, que es necesario algo más: la ayuda del “imperio de la ley”. La sorprendente cantidad de gobiernos y/ o dirigentes con tendencias antidemocráticas que han sido elegidos de manera democrática en el último tiempo, nos debe poner en estado de alerta.

El término “democracia” proviene de la conjunción de «demos» y «krátos», donde lo primero significa “pueblo” y lo segundo “poder-gobierno”. Es del mismo concepto que Abraham Lincoln crea su famosa cita: “La democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo, para el pueblo.” Pero, ¿y si el pueblo no es capaz de participar correctamente en esta democracia y elige erróneamente a sus dirigentes?

John Stuart Mill creía que como pre-condición para lograr una correcta democracia, era necesaria la “capacidad y el deseo de los ciudadanos de elegir de manera informada y ponderada.” Pero tenemos casi total seguridad de que la mayoría de los individuos no tienen esa capacidad y deseo necesarios, ya sea por el análisis costo-beneficio de informarse donde no ven incentivos para hacerlo, o porque no poseen esa capacidad. Sabemos de antemano que los seres humanos cometen errores, está en su naturaleza, y debemos considerar que “las personas sólo pensarán de la forma en que están preparadas para pensar y entender el mundo” (Jaime Sierra). El Papa nos señala: “la historia demuestra con gran claridad que las mayorías pueden equivocarse. La verdadera racionalidad no queda garantizada por el consenso de una mayoría, sino sólo por la transparencia de la razón humana…”. Y si la mayoría existente en un determinado momento es la única fuente de decisión que se considerará correcta en una democracia, estamos expuestos a que se cometan una infinidad de errores.

Sin dejar de lado la ignorancia del pueblo como factor principal para el fallo de las democracias, hay que considerar la equivalente importancia que tiene la forma en que se comporten los representantes elegidos. Como no existen muchos mecanismos para controlarlos, y menos aún que sean eficaces, puede ocurrir con mucha facilidad lo que Hobsbawm propone lo que muchos dirigentes deben estar pensando: “Ustedes son el pueblo y su soberanía consiste en tener elecciones cada cuatro o seis años. Y eso significa que nosotros, el gobierno, somos legítimos aún para los que no nos votaron. Hasta la próxima elección no es mucho lo que pueden hacer por sí mismos. Entretanto, nosotros os gobernamos porque representamos al pueblo y lo que hacemos es para bien de la nación…”. El problema aquí es que es la misma ciudadanía la que legitimiza el poder de estos actores políticos, que muchas veces se aprovechan de su poder político y efectúan actos antidemocráticos.

La solución que propone Dahrendorf es crear una “democracia más algo”, donde ese algo sería el “imperio de la ley”, el cual plantea que las leyes establecidas deben ser aceptadas y acatadas por todos,  sin excepciones, y que deben haberse creado por la misma ciudadanía. Pero ¿es efectivamente la ley un “algo más” para la democracia? ¿la ley permite la democracia o, por el contrario, es la democracia la que permite el “imperio de la ley”?

Creo que imponer el “imperio de la ley” como principal apoyo democrático no es lo que debemos buscar. Lo que debemos perseguir es una democracia perfecta, donde el mejoramiento continuo sea el lema y, así, los gobiernos corruptos y los malos dirigentes se verán impedidos en actuar o en permanecer. Porque, como dijo Mandela en Ushuai (1998): “Si no hay comida cuando se tiene hambre, si no hay medicamentos cuando se está enfermo, si hay ignorancia y no se respetan los derechos elementales de las personas, la democracia es una cáscara vacía, aunque los ciudadanos voten y tengan parlamento.

http://www.acanomas.com/Diccionario-Espanol/76759/DEMOCRACIA.htm

http://www.proverbia.net/citastema.asp?tematica=114&page=2

http://www.elrancahuaso.cl/admin/render/noticia/24418

http://www.zenit.org/article-25031?l=spanish

http://recursos.cnice.mec.es/filosofia/f2publi1.php?id_ruta=20&id_etapa=3&id_autor=1

Con Miedo a Ensuciarse las Manos (o que se sepa)

“En política sólo triunfa quien pone la vela donde sopla el aire; jamás quien pretende que sople el aire donde pone la vela.” Antonio Machado*

Sabemos por experiencia propia lo difícil que es llegar a un acuerdo cuando las diferentes partes poseen opiniones, valores y creencias que se contraponen o no concuerdan en ciertos aspectos. Ya sea una simple discusión por qué hacer en el fin de semana, o una ya más complicada como el estar a favor o en contra del aborto. Aún así, nos sigue impresionando y llamando la atención que la judicialización de los fenómenos de conflicto social vaya en aumento, y que en algunos temas el trabajo del Poder Judicial haya crecido en un cien por ciento, o incluso más, siendo que la población no ha aumentado en esa proporción. ¿Será que se está optando por el camino más sencillo?

La política es un mecanismo de generación de vínculo social con el cual el actor político actúa, al ejercer poder político, influyendo en la resolución de la tensión social generada por las diferencias existentes entre los individuos, logrando el orden. Esa es su tarea: llegar al orden. Pero para concretar su tarea necesitan de poder político, y la forma que tienen de conseguir ese poder es mediante el vínculo que crean y conservan con los individuos en el espacio público. Entonces, si un político decide resolver algún conflicto social que genere tensión y discusión, ¿no está acaso arriesgando su vínculo con los individuos que le apoyan y le confieren su poder político?

Al parecer este es el pensamiento que está invadiendo las mentes de nuestros actuales actores políticos, los cuales “huyen” de sus responsabilidades como tales y ceden sus tareas al Poder Judicial, y así no se exponen a perder el poder político*. Y, a primera vista, parece ser una resolución ideal, donde los conflictos se resuelven por un “agente externo” (que, en teoría, no está involucrado y no sufrirá consecuencias de sus medidas) y bueno, se ”resuelven”. Porque también existen problemas que podrían no tener otra forma de solucionarse más que por el sistema judicial.

Pero la discusión aquí es el exceso de resolución de conflictos vía judicialización, donde muchas veces es innecesaria. Este es el caso de muchas demandas familiares, donde sería perfectamente posible resolverlas en la intimidad y no en el espacio público. Además, no debo dejar de mencionar lo poco transparente que puede volverse la judicialización, donde un actor político puede, no con muchos obstáculos, interferir en la resolución para beneficio propio.

Entonces, ya sea que la judicialización se utilice como medio para evitar perder el poder político, o como “encubrimiento” de lo que el actor político en verdad intenta hacer, o como herramienta para autofacilitar y, solo a veces, simplicar el proceso de resolución de conflictos sociales; siempre será un intento de reemplazar la expresión de la comunidad/ sociedad a través de sus representantes, lo cual nosotros, como ciudadanos responsables e interesados que somos, NO debemos tolerar. Porque, como dijo Tolstoi, “es más fácil hacer leyes que gobernar”.

http://martintanaka.blogspot.com/2010/05/medios-y-judicializacion-de-la-politica.html

http://www.factum.edu.uy/estpol/anapol/2003/anp03037.html

http://www.kaosenlared.net/noticia/judicializacion-politica-version-italiana