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Democracia Actual: Cara y Sello Unidas.

noviembre 24, 2010 Deja un comentario

Irracionalidad, malas intenciones, ineptitud, corrupción, ¿es esto la política, la democracia que supuestamente decimos ser? El afirmar o negar esta afirmación, no es más que sesgarse a una sola cara de la moneda, dejar de lado los “depende de” y aquellas posturas que consideran que la respuesta esta en la mezcla de ambos lados.

A mi parecer, la democracia, como concepto en sí, significa representar al pueblo, a los ciudadanos, tal y como lo era cuando recién se dio inicio a esta forma de gobierno. Pero, como todo, ésta no puede ser perfecta. Seamos sinceros, las utopías no existen, por ende, no debemos pretender que funcione a la perfección y mirarla de forma idealista. Actualmente, el problema es simple: los intereses pasaron de ser públicos a mezclarse con lo individual, con lo cual se distorsiona el accionar, las promesas y se desvirtúa el verdadero sentido de la democracia. Por otro lado, la línea cada vez más difusa, entre el bien común y “mi” propia beneficio, es cada vez más delgada, lo que conlleva a una pérdida de “el norte, su razón misma de ser.” (1) Es decir, se desvirtúa el fin de la democracia.

Pero, esto no solo se debe al hecho de que la democracia que nos rige pueda considerarse un tanto “obsoleta”, en cuanto a lo que es y lo que la sociedad realmente necesita, sino que también, se debe a la misma ciudadanía. Creemos que con el solo hecho de votar hemos cumplido o que tenemos derecho a opinar, criticar y pelear aún cuanto no se esta inscrito para votar. Sin embargo, este sistema de gobierno no funciona solo así:

“Los buenos ciudadanos son los que están vigilantes, conscientes de las corrientes gubernamentales y sociales, y que continuamente tratan de mantenerse al tanto de la contingencia. Deben conocer sus derechos e insistir en poder ejercerlos, a la vez que tienen que cumplir con sus deberes cívicos. La buena ciudadanía significa mirar atentamente más allá de nuestros propios intereses personales para proteger los derechos de los demás.”(2)

Creer que los políticos tienen la culpa, que son todos corruptos por el tan solo hecho de no hacer lo que nosotros creemos que nos beneficia más, cuando no hacemos nada para ayudar a que la democracia camina por un solo “sendero”, nos hace también culpables de que el sistema de gobierno no funcione como debería.

No obstante, el pensar que la democracia no tiene rumbo y falla porqué si, que se sostiene de la nada y que tiene un futuro incierto, es no mirar todas las variables inmersas en lo que sucede actualmente. Para que esta no sea “comida” por este mundo individualista, se necesita ceñirse al rumbo que esta sigue, para lo cual se necesita mayor credibilidad (3), altos grados de conciencia hacia lo público y pensamiento crítico, que permita “sacar del camino” a aquello que lleva a que el sistema de gobierno se desvíe.

Por lo tanto, si existe la corrupción en la democracia, pero, eso no nos convierte en ciudadanos ingenuos que se vieron engañados por ellos, ni tampoco el que esta sea combatida y no exista en muchos ámbitos hace de esta un sistema perfecto. No. La democracia es una manera para regir a una sociedad; sociedad que ha ido cambiando con el tiempo: los fundamentos de la democracia siguen siendo los mismo, pero la sociedad no. Los políticos o miembros de gobierno siguen actuando entorno a políticas y normas que no se encajan con el mundo actual. Pero, eso no es todo. Los ciudadanos se “limpian las manos” ante sus responsabilidades y solo se les ve al momento de votar y, elegir a un gobernante, como ya lo dije, no lo es todo. “Comprensión, vigilancia y activismo de parte de los ciudadanos” (4), es lo que necesita una democracia. Una mente crítica y objetiva, un sentido social que vaya por sobre los intereses individuales, son los medios para lograr una democracia más pura. Pero, ojo, no pretendamos que todo sea “color de rosas”, es ridículo suponer que llegaremos a un sistema de gobierno perfecto, tal cosa no existe, por ende no pretendamos cegarnos a la existencia de aquél lado de la moneda que nos recuerda de la existencia de actos individualistas que atentan contra la democracia, pero que a su vez, deberían ser aquello por lo cual luchar para mejorarla. El que la democracia sea lo que es hoy y sea un “algo” en el futuro depende de los políticos y los ciudadanos, individualista y con sentido de lo público, todos en conjunto, mezclando las dos caras de la moneda.

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(1) http://blogs.lasegunda.com/redaccion/2008/04/07/el-servicio-publico-en-la-pale.asp

(2) (4) http://www.miradaglobal.com/index.php?option=com_content&view=article&id=938:cuidando-la-democracia&catid=30:sociedad&Itemid=34&lang=es

(3) http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1054941

New Update: Democracia 2.0

octubre 25, 2010 Deja un comentario

Sin duda alguna, nos encontramos en una era de constantes cambios. Los Estados deben adecuarse a una nueva concepción que se tienen del mundo, un mundo que no se rige solamente dentro de los límites territoriales de una sociedad puntual por separado, sino que debe tomar en cuenta a cada un de éstas de forma global. ¿A qué se debe esto? Principalmente, a la globalización.

No es cuestionable el hecho de que la globalización a traído consigo un sinnúmero de beneficios para las sociedades: mayor conectividad, acceso, oportunidades, entre otras. No obstante, no se debe dejar de lado que la base de estas sociedades, es decir, lo que hace que estas “caminen” día a día son los Estados (en especial los estados democráticos), y, son éstos, los que en grandes rasgos, se han visto afectados por este fenómeno. Tal como dice Daherndorf, la globalización se ha convertido en una amenaza para aquellas naciones que se consideran democráticos. Pero, ¿por qué?

El fin de la democracia es ser aquél escenario en donde los conflictos son canalizados mediante instituciones, las cuales representan a la población. No obstante, en la actualidad, éste se ve afectado por la frecuente migración entre países (lo cual conlleva a una diversificación de las sociedades, generando una pérdida de identidad), el aumento de la intervención de terceros para la resolución de conflictos (lo que debilita la utilidad del Estado y de la democracia en sí) y las constantes amenazas al “espacio-protector” que se le otorga a la sociedad, dado a la fuerte competitividad entre naciones, el paso de comunidades colectivas a individualistas y la pérdida de confianza en un Estado-nación que ya no otorga lo que se espera de ella. La democracia que hoy se ejerce es una que se desacredita con la intervención de terceros (instituciones no gubernamentales), pierde el equilibrio con una sociedad cada vez más heterogénea. Pero, ¿el privar a la sociedad de esto evitará las manifestaciones, el descontento y encarrilará, nuevamente, a la democracia en su lugar? A mí parecer, no lo es.

Lo que sucede, es que la democracia, debe evolucionar, no quedarse estancada en lo que alguna vez significó, tal como ha sucedido con las instituciones, las cuales han ido tomando nuevos cursos al irse “alineando” de cierta forma con la globalización. Por lo cual, el problema radica en que los limites de la democracia deben ser re-definidos y con ello, los partidos políticos que, a la larga guían la representación de los distintos segmentos de la ciudadanía, basar sus propuestas en nuevas ideologías que sí representen a la sociedad actual. Se deben crear “sociedades-globales” como define Saskia Sassen [1], para que así las personas se sientan, nuevamente, identificadas con lo nacional.

En mi opinión, la solución no es desacreditar de forma directa y extremista a la globalización, creando una democracia más directa, como diría Dahrendorf, sino que la clave está en encontrar una forma de vincularla con la democracia. Para ello, uno de los grandes desafíos es el que plantea Fernando Vallespín [2], el de impulsar al Estado hacia el progreso, hacia la “ambición”, “afrontando los nuevos desafíos de la era global”[3] Para que así, se puedan definir los nuevos límites de la democracia, y dar con una “democracia 2.0”.-

 

La democracia después de la democracia.

septiembre 26, 2010 Deja un comentario

“¿Qué pasa si quienes salen del poder creen en la democracia, mientras que quienes los reemplazan no? […] ¿qué pasa si la gente “errada” resulta electa?” Es así como Ralf Daherndorf lo propone, sin más, dando pie a un sinnúmero de interrogantes sobre el rumbo actual de la democracia. Pero, ¿qué es la democracia? El autor la define como una forma de sacar a quienes están en el poder sin una “guerra física” de por medio, utilizando las urnas como medio para lograrlo, tratando, así, no involucrar, en lo absoluto, las necesidades, derechos y deberes sociales del pueblo, que el ejercicio de ésta misma conlleva. Esta claro que para responder a las interrogantes iniciales hace falta más que una simple definición que describe a la democracia sólo como un proceso de elecciones.

En sus comienzos, la democracia era más que un sistema de sufragio, en donde el pueblo elige a quien los representará y dirigirá. Es Mill quien atribuye una concepción más amplia de la democracia, describiéndola como aquello que nace del sentimiento de nacionalidad y del deseo de los ciudadanos de ser capaces de elegir de manera “informada y ponderada”. Es decir, ésta se origina por una necesidad de sentirse representados por alguien que comprende y sigue las necesidades del pueblo como suyas. No obstante, estas condiciones para poder lograr el funcionamiento de la democracia, en la práctica, resultaron ser nada más que justificaciones para poder llegar al poder. Es decir, teniendo al sufragio como método característico de esta forma de gobierno, los partidos (demócratas y anti-demócratas), por medio de la persuasión (al pueblo) mismo, llegan al poder, desvirtuando, así, el verdadero fin de la democracia. Es exactamente esto lo que ha sucedido en el transcurso de los años. Si bien la democracia como sistema de gobiernos es un sistema “nuevo” en la historia de la humanidad, aquellas ideologías que le dieron su nacimiento se han ido olvidando y quienes llegan al poder pasan de un pensamiento y un discurso con fines colectivos, a uno con propósitos individuales. Es más, mientras exista división de poderes, Estado de Derecho y sufragio universal se le considera, actualmente, una “democracia auténtica” [1] , sin darle mayor importancia al cómo se desenvuelven estos requisitos en el ejercicio de la política. Es así como hay países en los cuales la marginación de quienes son considerados anti-demócratas resulta difícil. Es en parte porque al cumplir con estos requisitos, cualquiera puede permanecer en el poder, sin ser acusado de atentar (de forma directa) contra la democracia.

Sin embargo, en estos últimos años, se ha tratado de llevar a la democracia más allá de un par de requisitos. “Si no hay comida cuando se tiene hambre, si no hay medicamentos cuando se está enfermo, si hay ignorancia y no se respetan los derechos elementales de las personas, la democracia es una cáscara vacía, aunque los ciudadanos voten y tengan parlamento.” (Mandela, 1998) [2] En estas palabras, Nelson Mandela da paso a una nueva era en Sudáfrica, en la cual, y al igual que en la mayoría de las naciones del mundo, se mira a la democracia como una búsqueda del beneficio colectivo, a través de la cual se tienen derechos y deberes aplicados para todos los miembros de una nación, ya sean políticos como civíles (Imperio de la ley). Para ello, es necesaria la transparencia y fines colectivos por parte del gobierno, así como el demostrar el verdadero significado de la democracia, no aquella definición desvirtuada por los años, mostrando un cambio para el bien de la sociedad. Por ejemplo, en Rusia, el concepto de democracia se asocia con pobreza, por lo que es deber del gobierno pro-democracia el transmitir, así como de mostrar con hechos concretos, la visión errónea que se tiene de ésta, para así poder implementar un gobierno democrático.[3]

Ahora, en aquellos casos en los cuales es el mismo pueblo quien, por medio de métodos democráticos, llevan a partidos que atentan contra ésta al poder, es deber, no sólo del pueblo, sino que de la oposición, el luchar por conseguirla y no quedarse de brazos cruzados, como suele suceder, esperando a que el pueblo, por sí sólo, se dé cuenta. Es deber de ésta misma, el llevar a cabo el cumplimiento del imperio de la ley, y, por medio de éste llegar a la democracia, pero no una democracia desvirtuada que se basa en meros requisitos, sino en una democracia que se basa en fines colectivos, en donde todos tienen derechos y deberes que cumplir por igual.




[1] http://www.kalipedia.com/geografia-peru/tema/democracia-actualidad.html?x=20070417klpgeogra_112.Kes&ap=3


[2] Nelson Mandela, Discurso pronunciado en la Cumbre del Mercosur, Ushuaia, julio de 1998, extraído de http://es.wikipedia.org/wiki/Democracia#cite_note-15


[3] http://www.emol.com/noticias/internacional/detalle/detallenoticias.asp?idnoticia=435427

Por: Isadora Kretschmer Soruco

Justicia Internacional, ¿eficiente?

Sin duda alguna, lo narrado y descrito por el autor, Jorge Castañeda, es una demostración no solo de que, aún estando en el siglo XXI, considerada una era contemporánea, moderna y una era de civilización, siguen existiendo estados, en los cuales no existe un uso adecuado de la política, es decir, son más bien “estados fallidos”, al reinar en ellos el caos y no el orden, como así lo busca el ejercicio de la política.  No obstante, cabe destacar la existencia de terceros involucrados en este mal ejercicio, más bien, la intercepción de otros países ante actos que no sólo conllevan al desorden social sino que atentan contra los derechos de la humanidad, , como el terrorismo, las torturas y, el considerado como “el peor de todos”, el genocidio. Todo este accionar, por parte de estos actores involucrados, es un reflejo de la conciencia presente en las sociedades actuales, de cuán importante es alcanzar el orden social.

Hoy en día vivimos en una sociedad globalmente más conciente de la importancia de la política y de los derechos de los seres humanos (o más bien así se nos hace creer), por lo que la intromisión en asuntos que no tienen que ver con el orden local de la nación es estrictamente necesario, en especial, considerando que estamos en un mundo globalizado en donde los países se mueven entorno al capitalismo y el libre mercado.  Pero, esta es razón para intervenir, no obstante, cabe preguntarse qué ganan estas otras naciones. A mi parecer, es una especie de “ayuda” para poder guiar a estas naciones hacia el orden social que conlleva a una defensa de aquellas minorías abusadas. Por otro lado, es una manera de condenar a quienes atentan o se resisten al ejercicio de la política, juzgándolos por un sistema de leyes que se aplican a todos los habitantes del mundo por igual.

El señor Castañeda y su decisión tomada al ser Ministro de Asuntos Exteriores de México, demuestran un quiebre entre un mundo desinteresado ante los problemas ajenos a su propia nación y uno que vela por el orden y la justicia de, no sólo, aquéllas vecinas, sino también, de las que se encuentran en el otro extremo del mundo. De tal forma, se dio un aso para que crímenes y atentados en contra del ejercicio correcto de la política, no queden impunes, independientemente de si las leyes locales así lo indican. Sin embargo, y al igual que el autor, me es de relevancia comentar acerca de  lo sucedido en Darfur, Sudán.  Todo lo comentado por éste son hechos, en especial,  sucesos que dejan al descubierto la gran labor de la CIJ ante el cumplimiento de los derechos humanos. No obstante, me pregunto ¿de qué sirve la existencia de esta Corte, si no se puede operar libremente en un país que puede considerarse como un estado fallido, o en otro caso, en uno en dónde se oponen rotundamente a la intercepción de un tercer agente (en este caso la CIJ), o de uno que es apoyado por naciones que, a su vez, cometen violaciones a los derechos humanos o que, al contrario, apoyan la labor de la CIJ, pero que por conveniencia prefieren apoyar a dichos países (como Sudán)? A su vez, me cuestionó si es realmente eficiente la labor de la CIJ, en especial cuando, buscando respuestas, me encuentro ante una noticia publicada en mayo del 2009 por el diario El País, en la cual se da a conocer la orden de arresto de Omar al Bashir (presidente de Sudán), por crímenes de guerra y humanitarios contra la región de Darfur y, más de un año después éste sigue estando impune y, recién se le acusa de crímenes mayores, como el genocidio. Es más desde el año pasado, distintas ONGs han tenido que, de manera obligatoria, abandonar la zona, dejando a los afectados de Darfur sin ayuda alguna. Con ello se refleja que la misión de la CIJ no ha sido del todo satisfactoria, alargando cada vez más la condena. Además, no sólo no ha podido llevarla a cabo, sino que, y en mi opinión, no ha ejercido presión alguna ante la sociedad sudanesa , la cual reeligió a al Bashir por un período de 5 años más en el poder. Por lo tanto, ¿cuál es la verdadera misión de la CIJ? Para mí, no es sólo capturar al “jefe” de todo este caos (quien por cierto, me es un tanto obvio que no aceptará su culpabilidad), si no que reinventar una sociedad, para lo cual no basta con amenazas de condenas, porque hasta el momento, eso es lo que son.

A continuación la noticia extraída del diario El País.

http://www.elpais.com/articulo/internacional/presidente/Sudan/compara/justicia/internacional/colonialismo/elpepuint/20090305elpepuint_11/Tes