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Todos los políticos en el mismo saco

noviembre 28, 2010 Deja un comentario

Los políticos son racionales entendiendo por racionalidad la búsqueda constante de alcanzar objetivos. Como la política es estratégica por esencia, esto confirma que se deben considerar los pros y contras de las acciones para así realizar objetivos y obtener beneficios. La política es la forma en que la sociedad se organiza para tomar decisiones que (supuestamente) debiesen beneficiar a todos. Pero a veces es dirigida por personas que buscan intereses propios y no se interesan por el bienestar de la sociedad, como se muestra en la columna de Pérez-Reverte, donde un grupo de políticos hundió la educación española con políticas educacionales erradas. Sin embargo, creo que no hay que encajonar en una sola categoría a la clase política. Están aquellos que se mueven por intereses propios, como también están aquellos que se mueven por valores y buscan el bien del grupo (ya sea comunidad, partido, país, etc.) que representan.                                                                                                                                                                                                                     Si hubiese que responder si los políticos son malintencionados, corruptos e ineptos, diría que no, puesto que la política surge como un mecanismo para resolver la tensión social y en un principio el objetivo del político es noble: velar por el bien de su gente y resolver estas tensiones, pero al concentrar cierto nivel de poder, puede corromperse. Aunque no siempre ocurre esto y existen aquellos que desempeñan una labor transparente y se mantienen intachables. Concluiría que en la política existen ciertos elementos corruptos que pueden afectar todo un sistema y con ello perjudicar a la sociedad, como en el caso de España.                                                                                                                      La política es un mecanismo creado por los hombres, y por lo mismo es imperfecta. Presenta muchas fallas por inexperiencia, por falta de habilidad de algunos políticos para manejar grupos humanos, por dificultad para llegar a acuerdos, y muchos otros. No obstante, se aspira a la política como un ideal, se trabaja por ella y se cree en ella. Un ejemplo de la política como ideal es la Democracia. Los ciudadanos se ordenan tras las instituciones del Estado democrático, y confían en este sistema. Al votar se traspasa confianza y responsabilidad, y el ciudadano vota de buena fe, porque no tiene cómo comprobar que está eligiendo a la persona idónea. Tras esa elección se espera que la persona cumpla y no defraude la confianza depositada en él. Cuando aparecen gobiernos autoritarios, los ciudadanos luchan por la Democracia, y surgen  líderes políticos probos que luchan por los intereses y la libertad de sus ciudadanos. Si la política falla es porque hay grupos de políticos que la interfieren con el propósito de conseguir objetivos individualistas, pero finalmente siempre se ha observado que la política generalmente beneficia a los grupos sociales.  No hay que perder la fe en la política porque es la única manera de sacar proyectos mancomunados adelante. Como levantar un puente, hacer vacunaciones masivas, aumentar niveles de alfabetización, etc. Si no existiese la política, cada ciudadano sería un náufrago y volveríamos al  estado natural. La política tiene futuro, porque es la única forma de que la sociedad esté protegida de cualquier amenaza y mantenga el orden y la  confianza.                                                                                                                                                                                                                         Por último, la realidad de la que da cuenta Pérez- Reverte, se refiere a un subgrupo de los políticos que  pueden considerarse “ineptos, oportunistas y aprovechadores”, que malearon su sistema político y perjudicaron la educación de muchas generaciones de españoles. Aunque esta realidad se observa en muchos estados, no es pertinente echar a todos los políticos en el mismo saco, puesto que existen aquellos que persiguen fielmente el objetivo de la política que es el de mantener el orden y el bienestar de sus ciudadanos. Se debe luchar contra aquellos malos elementos para no permitir que vicien los gobiernos y que con ello perjudiquen a la sociedad.  

 Referencias:

 http://www.atinachile.cl/content/view/4470/Que-es-la-politica-Diez-preguntas-fundamentales.html

 http://www.eumed.net/dices/definicion.php?dic=3&def=193

 http://utopias.blogcindario.com/2005/07/00005-fallas-en-la-politica.html

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Pérdida de idealismo en los Sistemas Democráticos

octubre 27, 2010 Deja un comentario

Es un fenómeno visible que las personas han perdido interés en las elecciones y ya no se sienten comprometidas con la democracia. En nuestro país, se han hecho extensas campañas para motivar a la juventud a inscribirse en los registros electorales, a diferencia de las generaciones de nuestros padres y abuelos, quienes la mayoría participaban activamente de un partido político y mostraban interés por participar de este sistema democrático que les daba un espacio para ejercer su soberanía. Hoy, el interés y el compromiso con la realidad política del país va en declive. A nuestros padres y abuelos les tocó vivir un período muy conflictivo en el ámbito político, como lo fue el período del gobierno militar, donde existió una fuerte polarización de la población en el Frente Popular y el bloque conservador. Este fue un ambiente en que se tendía a tomar partido por una ideología, dar a conocer la postura política y participar proactivamente de los conflictos que se estaban produciendo en el país. Conflictos que si bien eran locales, se produjeron en respuesta al contexto internacional de polarización ideológica mundial. Sin embargo hoy, además de los conflictos locales, nos aquejan problemas globales, que debemos enfrentar mediante sistemas políticos sólidos. Como por ejemplo, el calentamiento global, el que se debe resolver de manera conjunta entre las naciones del mundo. Pero llegar a una solución de este problema es muy difícil si ni siquiera en los mismos Estados existe unidad política y sistemas democráticos fuertes y apoyados. ¿Por qué en este contexto en el que estamos frente a un problema que debiésemos arreglar como comunidad  mundial, perdemos absoluto interés en la política? ¿Hoy cuando es muy necesario hacer valer nuestros derechos civiles que nos otorga la democracia para hacernos partícipes de un conflicto que nos afecta a todos y además a las futuras generaciones? ¿Cómo llegaremos a consensos mundiales si ni siquiera mostramos interés en nuestro contexto interno?

Las democracias se han debilitado. Para los ciudadanos no es prioridad participar activamente de sus Estados democráticos, los que les dan una oportunidad para ser representados y movilizar sus intereses dentro del contexto político. Este problema, que al parecer se está produciendo en todo el mundo, podría tener su origen a un nivel tanto interno como externo.

A nivel interno, se detecta el debilitamiento en la credibilidad de los partidos políticos. Organismos fundamentales en un sistema democrático puesto que constituyen las opciones por las que pueden optar los votantes. Sin embargo, estas opciones se han vuelto poco representativas. Frente a opciones que son poco válidas para los votantes, es lógico que exista un alejamiento y una falta de interés de parte de éstos. Pero esto no es un problema de los votantes, si no de los mismos partidos. Yo misma escuché mucho entre mis amigos pertenecientes a esta generación desinteresada: “Y para qué me voy a inscribir si mis únicas opciones son votar entre algo malo y algo peor “. Efectivamente existe un descontento. Los  partidos están perdiendo representatividad y legitimidad popular, puesto que como bien dice Dahrendorf “se han convertido en “máquinas” compuestas por cuadros entendidos altamente organizados”. Han pasado de ser grupos representativos de ideales políticos a agrupaciones que forman camarillas en persecución de sus propios intereses y en su forma de permanencia. Se priorizó la estrategia de permanencia y eternización por sobre el idealismo. ¿Pero cómo pretenden permanecer si el objetivo por el que se constituyó el partido ya no se está cumpliendo? Sin embargo, la causa de la pérdida de ideologías de los partidos podría deberse además a una causa derivada de la globalización. Los partidos ya no representan ideologías. Ahora, por medio de la elección de un partido se elige la mejor forma de administración del poder. De la cual con la globalización se ha llegado a un consenso de cuál es la mejor forma de organizar una sociedad.  No quiero decir que existe un consenso explícito, si no que existen modelos a seguir, como por ejemplo los gobiernos europeos, que son muy estables y han sabido organizar bien sus Estados y sus economías. En cierta forma los Estados tienen conciencia de que aquellos sistemas son los más propicios para administrar un país, y por lo mismo se aspira a tener un nivel de organización y de desarrollo como aquellos que se consideran un modelo.  Podría ser que por esto los partidos políticos hayan dejado de representar ideales y representen propuestas  de formas de administración, las que como propuestas son menos empáticas con la población. Por esto podría explicarse la pérdida de interés de los jóvenes en la política, ya que éstos que son idealistas por esencia, ya no ven en la política un camino para concretizar sus convicciones más profundas. No sólo la juventud, si no todas las personas, ahora se ven menos representadas puesto que si los partidos representan una ”forma de administrar” y no ideales, éstas tienen menos “llegada” en la población, la que tiene menos motivos de identificación con el partido. Esta idea podría ser contra argumentada, diciendo que el mundo ha cambiado, que si antes se hablaba de la lucha por idealismos, de los que la política se presentaba como escenario, hoy ese contexto no existe y es necesario que la política persiga otros objetivos, como el llegar a administrar de manera óptima un territorio. Sin embargo, este cambio de finalidad ha producido un objetivo desinterés en la población. Si bien los hombres se organizan para buscar el orden, cuando ya hay una cierta complejidad de la sociedad, para hacer conocido un sistema de organización que impulse la adherencia de adeptos, debe existir un ideal constitutivo que produzca identificación en la población, que la interese y la motive y aúne fuerzas en pos de un interés común. Considero que una buena solución, sería el que los partidos políticos reinventen sus estructuras y se adecúen  tanto a las demandas locales (falta de ideales), como a las propuestas globales (mejores formas de administración). Los partidos no deben dejar de lado el ideal esencial por el que surgieron, si no que hacer de éste un recurso de identificación y acercamiento con la población. Por ejemplo, si un ideal es resguardar la igualdad en todos los niveles sociales,  presentar proyectos que se relacionen con estos objetivos en particular.

De esta forma, se podría empezar  a generar un interés en la política interna, de la cual las personas se sientan partícipes, y una cierta cohesión política de los países, ya que para enfrentar los desafíos de la globalización se necesita unidad local y global. Por esto, fortalecer nuevamente las democracias es un primer paso en la resolución de los conflictos políticos en un mundo globalizado. Una vez que los países logren un consenso a nivel interno, recién estará en condiciones de llegar a acuerdos globales, que nos permitan resolver problemas de magnitudes mayores como por ejemplo el del Calentamiento global.

 Referencias:

http://www.labatalladechile.cl/resena-historica/

http://www.webislam.com/?idt=3076

http://www.memoriayprofecia.com.pe/node/109

http://www.iesam.csic.es/doctrab2/dt-0223.pdf

 

La difícil definición de Democracia

septiembre 29, 2010 Deja un comentario

Las diversas definiciones de Democracia que existen hoy en día, han acarreado un problema de su conceptualización a su puesta en práctica. Los abstractos ideales que caben en su definición, entran en conflicto con las realidades en las que se instaura una Democracia. Incluso desde su origen etimológico nacido en Grecia, donde Democracia significó “gobierno del pueblo”, esto no se cumplió a cabalidad, puesto que en ella los consejos políticos estaban compuestos sólo de algunos ciudadanos. Al concepto Democracia se le adhieren muchas significaciones que en la realidad no se cumplen;  tales como la igualdad, los derechos ciudadanos, y un sinfín de otros “objetivos deseables”, como los denomina Ralf Dahrendorf.

La definición que da Karl Popper de Democracia: “Modo de sacar a quienes están en el poder sin derramamiento de sangre” podría interpretarse como una forma de entender la Democracia desde su aspecto pragmático. Popper despeja el concepto de toda característica que carezca de realidad. Pero aún así, esta definición es insuficiente. Desde esta perspectiva podemos encontrar dos conceptos de Democracia: uno en sentido estricto o limitado, que lo concibe como la “mera elección de representantes”, y otro en sentido amplio, que incluye factores asociados como la participación ciudadana en el acontecer político.

El rasgo constitutivo de la Democracia, basado en los sistemas de elecciones, esconden un potencial riesgo, que es el de elegir autoridades antidemocráticas que atenten contra el mismo sistema que les permitió salir electos. Este riesgo, que se está haciendo latente en distintos países, deja al descubierto una conducta pendular del proceder político de la población. Con pendular me refiero a que luego de haber luchado contra gobiernos antidemocráticos,  hoy se están volviendo a elegir personas que representaron a esos sectores antidemocráticos. Una encuesta hecha en Latinoamérica reveló que un importante porcentaje de población estaría dispuesta a aceptar un gobierno autoritario siempre y cuando éste le garantice el mejoramiento de su situación económica.[1] Esto nos podría hablar de un desgaste en el concepto de Democracia, puesto que como todos la entendemos, ésta además de permitirnos elegir nuestras autoridades, nos debería atribuir cierto poder en la esfera política. Sin embargo, el Estado no está constituido para que esto ocurra. No existen gobiernos donde el ciudadano tenga un espacio en que pueda hacer aportes significativos. Las promesas incumplidas en la Democracia podrían ser una razón por la cual los ciudadanos no están priorizando los gobiernos democráticos en las elecciones.

La definición de Democracia está muy trastocada. Abarca aspectos tan amplios que es difícil limitarla a un solo significado. Sus implicancias ocupan muchas páginas de los diccionarios políticos, y esto ha conllevado a una imprecisión de la palabra. Dando posibilidad al que la utiliza, de aprovecharse de las virtudes que se le atribuyen, o bien desentenderse de ellas, lo que tiene por consecuencia su desvirtuación. No obstante, la Democracia es el sistema más justo que existe para llevar a cabo los procesos políticos. Es hasta ahora la única forma que ha vinculado a las mayorías con su representante, o bien, canalizado las fuerzas de opinión de las mayorías en un sistema que eficazmente las exprese en la elección de un representante.

Los procesos democráticos han evolucionado, y hoy, antes de presentarnos a votar, somos bombardeados por un extenso período de campaña política. El tiempo-espacio en el que todo vale para obtener votos deja la puerta abierta para la intromisión del Populismo. Los populismos pueden llegar a ser muy dañinos para una nación, y la democracia como hoy la conocemos tiene ese punto débil, del cual el populista puede sacar un gran provecho. Las falsas promesas de campaña pueden acarrear el riesgo de la intromisión de grupos nocivos para la Democracia. El elector siempre se encontrará en desventaja y sufrirá el problema denominado asimetrías de información. Aunque sea un individuo informado y bien instruido en Educación Cívica, no sabe si está votando por una persona idónea. Esto entraría en contradicción con la definición de Popper, puesto que en teoría, estos grupos amenazantes pueden ser sacados del poder sin necesidad de violencia. Esta definición constituye un contraargumento perfecto para un antidemócrata que desea salir electo, pero en este punto nos encontramos con otro problema. Existen muchos casos de gobernantes que han llegado al poder por métodos democráticos, y una vez en él, modifican la constitución para quedarse eternamente. La Democracia no puede sostenerse sola, necesita un sólido Sistema Legislativo en el que apoyarse.  No debe existir “Ley del embudo” en ningún Estado que se dice justo. El rigor de la ley debe aplicarse con la misma intensidad para todos. Cuando un pueblo otorga el poder a una persona, es para que esta lo represente.  Con ello no le otorga el permiso y legitimidad de hacer lo que se le antoje. Como por ejemplo, atentar contra el Estado de derecho. Votar por alguien es un acto de depósito de confianza, de entregar la responsabilidad de la patria a una persona aparentemente idónea. Sin embargo esto no puede ocurrir sin un Sistema legal incorruptible que solvente la Democracia. La Democracia sin una constitución poderosa es frágil, y si ésta no es respetada, es difícil que pueda mantenerse. Ralf Dahrendorf nombra a esto “Imperio de la Ley”, y lo adjunta a su concepto de Democracia. Concuerdo absolutamente en que sin Imperio de la Ley no puede sostenerse una Democracia, puesto que sin él, ésta estaría muy vulnerable a un cambio de constitución, que podría conllevar al fin de este sistema de gobierno.

Finalmente, la Democracia es un concepto global, que no puede definirse en la relación elector-electo (aspecto pragmático), ni tampoco puede limitarse a las características que se le asocian. Actualmente abarca una extensa definición, que no sabría juzgar a fuerza de observar la realidad de su implementación, si hace falta pulirlo o está en constante perfeccionamiento. La Democracia es un fenómeno complejo, que tiene mil aristas de observación. Es importante tener en cuenta, que el Imperio de la Ley y la Democracia forman un complemento, en el cual la última no puede existir permanentemente sin el primero. Pero en este punto difiero con el columnista, puesto que al igual que en el enigma del “huevo y la gallina”, no me parece posible determinar que es primero, si el Imperio de la Ley o la Democracia, porque ¿cómo surgiría un justo Imperio de la Ley, si no es primero instaurada una Democracia?

Referencias:

http://usuarios.multimania.es/notasinternacionales/Articulo13.htm

http://archivo.elnuevodiario.com.ni/2004/diciembre/05-diciembre-2004/opinion/

http://www.elciudadano.cl/2009/01/22/critica-a-la-calidad-de-la-democracia-en-chile/


[1] http://www.juarezpolanco.com/leer_articulo.php?id=42

Los poderes del Estado y la judicialización

agosto 27, 2010 Deja un comentario

La judicialización de los problemas sociales y políticos, es un defecto muy común que sufre nuestro sistema político, ya que como “buen chileno” siempre se está buscando traspasar las responsabilidades al otro.

La separación de los poderes del Estado, se crea justamente para evitar que un poder tenga más atribuciones que otro, es decir, la concentración de poder. Sin embargo, se vuelve a caer en lo mismo, sólo que el poder no se concentra[1] ahora en el ejecutivo, sino en el poder judicial. ¿A qué podría atribuirse tal fenómeno? ¿A la pérdida de poder político o a un sentimiento de incapacidad de las autoridades pertinentes a resolver determinados temas? Si es por lo primero, la pérdida de capacidad de influir en las personas para dar solución a tensiones sociales (conceptos vistos en clases) podría dar cuenta del debilitamiento del Estado. En cuyo caso intentaría taparse este hecho frente a la respetable figura del juez, quien simboliza la rectitud y el cumplimiento de la ley, es decir, simboliza lo “correcto”.  Por otra parte si la causa es la incapacidad, ello es una clara señal de falencias en la estructura del Sistema Político, que no está logrando resolver estas tensiones, y ello requeriría de soluciones de mayor profundidad, tales como el cambio en la forma de operar de los organismos que optan por la judicialización de las problemáticas que no se sienten capaces de resolver. El llevar a un tribunal de justicia una cuestión que atañe a gran cantidad de personas para que la solucione una sola, me parece una solución inapropiada, que se concreta  bajo criterios insuficientes. Al decidir el juez, este está solo con su conciencia, cuando estas temáticas requieren de debate público, de varias miradas y opiniones y finalmente de varias propuestas de solución. Esto con el fin de tomarse una decisión fundamentada en la experiencia, que logre brindar el mayor beneficio a la sociedad, que es la afectada en el problema.  Un ejemplo de lo anterior, es la judicialización de la crisis del Transantiago en el año 2007, cuando se quiso dejar este problema en manos de los tribunales, debiendo éste resolverse a nivel legislativo.[2] Esto conlleva a la falta de propiedad o incumbencia para la resolución de problemas, cuando en un Estado es importante la especialización de las autoridades pertinentes para cada ámbito. Dado que el Sistema judicial está construido para hacer efectivo el cumplimiento de la ley, en él se resuelven conflictos puntuales. Se tiende a llevar los problemas a niveles de objetividad, pero cuando lo que está en discusión es un tema valórico, no pueden existir resoluciones categóricas, puesto que el campo de la moral es muy amplio y relativo, y una sentencia implicaría una imposición moral. Además, creo casi imposible que el juez deje de lado sus propias convicciones al momento de decidir. Siempre existirá una carga valórica en lo que se quiera transmitir. En estos términos, la justicia se prestaría para la manipulación de las problemáticas sociales y políticas, y sus soluciones a conveniencia.  Judicializar un problema podría implicar saltar un paso importante en la solución de un conflicto en un Estado democrático. Si bien éste estará en “boca de todos”, perderá la oportunidad de ser resuelto por medio de la representatividad que las personas depositaron en el Congreso. Podría decirse que esta forma de resolver tensiones sociales conlleva a la concentración del poder, que si bien es ocasional y transitoria, provoca daños al igual que la permanente.  En ambos casos se ignora la representatividad ciudadana, puesto que no están influyendo en las decisiones las autoridades que las personas eligieron para construir el “modo de ser de una nación”[3]

Podría existir una postura contraria, que encontrara en la judicialización, una manera de delegar responsabilidad y por lo mismo de desconcentrar el poder. Que una vez que no se encuentre la solución en uno, pueda encontrarse en el otro. Sin embargo los poderes están hechos con una función, y deben estar capacitados para resolver el tipo de conflicto que les corresponda.  El fenómeno que estamos observando da cuenta de un problema, que nos hace caer en la entronización de una moral personalizada e impositiva de un juez.

Además de todo lo anterior, otro problema que se deriva de la judicialización de conflictos es la superficialidad con que estos se resuelven y la inestabilidad que esto le provoca al Estado y a la Sociedad. Por ejemplo, en relación al derecho a la Educación en Chile, tras acontecer la “Revolución pingüina”, los fundamentos de la LOCE se vieron cuestionados y fueron enviados a tribunales para su revisión.[4] El derecho a la Educación está respaldado por la Constitución, y es un tema estructural para el país, por lo que un problema en este ámbito debiese solucionarse desde la raíz, tratando de encontrar el origen que genera el descontento social para comenzar a trabajar desde ahí.  Lo mismo ocurrió con la Ley de Isapres y el alza de los planes de salud, norma que fue declarada inconstitucional por el Tribunal Constitucional, y que antes de este fallo, la Corte de Apelaciones declaraba inaplicable por medio del recurso de protección.[5] Los anteriores son problemas a nivel macro, que se estaban resolviendo a nivel micro, sin llegar a una solución permanente. Las responsabilidades de los poderes del Estado son intransferibles.

En síntesis, la división de los poderes del Estado está hecha con el objetivo de hacer un país descentralizado, más justo y eficiente. Si cada poder tiene la capacidad de resolver sus problemas, para los cuales fue concebido, conformarán un mejor Gobierno, que dejará de mirarse a sí mismo para fijar la vista en el progreso y llegar a ser un país desarrollado, alcanzando metas que hoy los problemas internos no le permiten visualizar.


[1] Con concentración no me refiero a que todo el poder político reside ahora en el poder judicial, como ocurría en los antiguos regímenes con el poder ejecutivo, sino a las atribuciones excesivas que se le dan al poder judicial, que “podría terminar “desencadenando” un gobierno judicial que escapa a los frenos y contrapesos del sistema político” como señala Andrés Amunátegui en su columna.

[2] http://www.lanacion.cl/prontus_noticias_v2/site/artic/20071215/pags/20071215181358.html

[3] Columna de Andrés Amunátegui

[4] http://www.lyd.com/programas/legislativo/loce.html

http://www.jornadasderechopublico.ucv.cl/ponencias/RESERVA%20LEGAL%20EN%20CHILE%20CONSECUENCIAS%20PARA%20LA%20DELIBERACION%20Y%20LA%20ADJUDICACION.pdf

[5] http://www.lyd.com/lyd/centro_doc/documents/tp-879-analisis%20e%20implicancias%20del%20fallo%20del%20tribunal%20constitucional%20sobre%20isapres-25-07-2008.pdf