Archivo

Archivo del autor

Políticos: problema de incentivos entre agente – principal

noviembre 28, 2010 Deja un comentario

Al ver el noticiario, al leer la prensa escrita y otros medios de información solemos encontrarnos con el común denominador de la política. No hay día en que no escuchemos ya sea un caso de corrupción, discusiones o dimes y diretes entre gobierno y oposición, descontento de sectores de la población con respecto a determinados asuntos como por ejemplo los subsidios habitacionales, críticas a nuevos proyectos de ley en materia de educación y así la lista podría extenderse ampliamente.

Este es un fenómeno que se da a nivel mundial, donde precisamente encontramos el texto redactado por el Sr. Arturo Pérez-Reverte, quien crítica duramente y sin tapujos a los políticos por la situación desfavorable que vive la educación española.

No es necesario ahondar mucho más para toparnos con otros escritos de similar índole, en donde se evidencia el bajo aprecio del pueblo español hacia sus representantes. Es más, señalan que: El drama de la democracia española tiene su núcleo en que políticos y ciudadanos ya no se entienden, emiten en diferente frecuencia y se mueven en distintas dimensiones éticas. Los políticos se han envilecido más intensa y rápidamente que la ciudadanía” [1].

¿Son los políticos los culpables del descontento popular? ¿Superponen los políticos sus intereses propios por sobre los de la ciudadanía? ¿Los malos resultados observados en materias como la educación o salud pública obedecen al actuar de quienes democráticamente han sido elegidos para gobernarnos?

Como individuos pertenecientes a una sociedad democrática, cada tantos años hacemos valer nuestro derecho a voto para elegir a nuestros gobernantes. Luego, a la hora de los resultados obtenidos de acuerdo a la gestión de nuestros representantes electos y, cuando estos no se ajustan a nuestras expectativas, lanzamos nuestros dardos en contra de la clase política.

Tal es el caso que por ejemplo se observa en Paraguay, donde se tilda de inepto al gobierno y se señala que el Presidente Fernando Lugo “solo se dedica a defender sus propios intereses” [2].

A mi parecer, el criticar única y exclusivamente a la casta política resulta la opción más cómoda para los ciudadanos que no formamos parte del acontecer público. Es más, preferimos obviar o hacernos los ciegos frente al hecho de que gran parte de la responsabilidad sobre aquellos temas públicos que nos disgustan recae sobre nuestros propios hombros. Esto se debe a que no basta con emitir un voto cada cuatro años, sino que como ciudadanos debemos ser activos fiscalizadores del quehacer público, para así velar por el cumplimiento de los programas de gobierno prometidos.

Otra perspectiva desde la cual podemos analizar este tema es a través del concepto utilizado en economía sobre el problema agente – principal que se da en casos de información asimétrica (entendiendo que la información con que cuentan los políticos difiere a la accesible para el resto de los individuos).

Se trata de un problema de agente – principal(es), en un sentido agregado. La agregación de intereses individuales con información asimétrica depende de la acción de un político (democráticamente) elegido. De nuevo, los incentivos del gestor político están guiados por su propia información, la cual difiere de la información que posee “el pueblo”. Es decir, una serie de principales (pueblo) desean contratar un servicio (agente) a un gestor político, que les guíe en el establecimiento de su mejor situación agregada (equidad, justicia y bienestar)” [3].

Por ende, ¿cómo solucionamos el problema de incentivos entre agente y principal? Esto resulta una tarea compleja de descifrar, pero un buen comienzo es el convertirnos en ciudadanos involucrados y participar activamente del acontecer público, ya que no basta con opinar sin actuar.

 

[1] http://www.votoenblanco.com/Politicos-espanoles-Irresponsables-ineptos-o-suicidas_a1679.html

[2]http://www.democraticamente.com/v1/index.php?option=com_content&view=article&id=3064:ineptitud-funcional-a-la-derecha-golpista&catid=40:opini&Itemid=59

[3] http://www.sintetia.com/analisis/economia-de-la-informacion-politica-y-juramentos-0

 

 

Anuncios

Baja participación ciudadana en los asuntos públicos: la gran pandemia del siglo XXI

octubre 27, 2010 Deja un comentario

La sociedad moderna suele jactarse de los altos niveles de democracia alcanzados hoy en día en la gran mayoría de los países, dejando así en el pasado regimenes autoritarios, militares, entre otros; que tanto mermaron las libertades individuales. Pero, ¿qué entendemos comúnmente por democracia? Por lo general establecemos que “la democracia como forma de gobierno es la participación del pueblo en la acción gubernativa por medio del sufragio” [1].  Entonces, podría decirse que ésta visión de la sociedad moderna representa una utopía más que una realidad.

Como manifiesta Robert A. Dahl en sus escritos, uno de los pilares de la democracia lo constituye la representación, entendida como participación ciudadana. Precisamente éste es un punto crítico en la actualidad, tal como señala Ralph Dahrendorf, la participación ciudadana en los comicios va en franca decadencia, siendo así el voto popular de baja representatividad.

¿En qué momento nos dejó de interesar el acontecer público? ¿A qué se debe la baja participación de los individuos en los comicios y por ende la baja convocatoria lograda por los partidos políticos?

Sin lugar a dudas, estamos frente a una problemática de múltiples aristas, donde el fenómeno de la globalización juega un rol trascendental. Ésta ha permitido conectar las diversas naciones en una comunidad global donde las fronteras tanto nacionales como individuales tienden a desaparecer. A su vez estamos expuestos a un bombardeo de información, lo cual le ha jugado en contra a los partidos políticos y sus cabecillas, quienes han debido lidiar con diversos escándalos que han salido a la luz pública y que rápidamente se han difundido por los diversos canales de información. Por consiguiente, esta visibilidad mediática ha quebrantado la confianza en las instituciones políticas y sus participantes [2]. Esto ha generado diversas respuestas por parte de los actores públicos y sus respectivos partidos, siendo una de las más llamativas la incursión en las redes sociales. Así tenemos el fenómeno de los políticos twitteros, quienes a través de 140 caracteres intentan proyectar una imagen cercana y conquistar a ésta generación “siempre conectada” que tan esquiva les ha resultado [3].

A mi parecer, no basta con cambiar la forma en que la política se comunica cuando lo realmente necesario es resolver problemas de fondo, donde las ideologías y planteamientos ya no representan el sentir de las nuevas generaciones.

Por otra parte, el fenómeno de la globalización ha contribuido a debilitar la identidad particular de cada Estado-Nación producto de la migración de individuos, lo que ha su vez ha socavado más aún los cimientos en que se sustentan los partidos políticos.

Todo esto ha derivado a mi parecer en la gran pandemia del siglo XXI donde los individuos viven dentro de su propia burbuja y sólo se hacen cargo de aquellas cosas que les afectan de manera directa. Así, estamos emprendiendo una senda peligrosa, donde nuestra falta de participación está alejando cada vez más nuestra vista de lo público hacia lo privado y por consiguiente le estamos dando rienda suelta a quienes manejan y toman las decisiones tanto nacionales como internacionales. No basta con que los individuos sólo hagan oír sus voces en contadas ocasiones frente a temas específicos, como fue el caso de las protestas y manifestaciones a través de las redes sociales para evitar la construcción de la termoeléctrica en Punta de Choros. Es necesario recobrar el interés en lo público para después no lamentar abusos de poder, ya que si continuamos absteniéndonos de participar activamente nos alejaremos cada vez más de los regímenes democráticos.

[1] http://www.elprisma.com/apuntes/ciencias_politicas/democracia/

[2] http://jhcnewmedia.org/sociologia/?p=602

[3] http://blog.latercera.com/blog/rarancibia/entry/twitter_el_nuevo_juguete_de

Democracia regida por la ley

septiembre 28, 2010 Deja un comentario

La palabra democracia, tan ampliamente utilizada en nuestros días, resuena en nuestros oídos como algo cotidiano, pero pocas veces nos detenemos a reflexionar sobre su real significado e implicancias.

Según Popper la democracia corresponde a un modo de sacar a quienes están en el poder sin derramamiento de sangre. Otras definiciones, que tal vez nos resultan más familiares, se refieren a la democracia como “un modo de vivir basado en el respeto a la dignidad humana, la libertad y los derechos de todos y cada uno de los miembros de la comunidad. La democracia como forma de gobierno es la participación del pueblo en la acción gubernativa por medio del sufragio” [1].

Ahora bien, el hecho de que los individuos bajo un régimen democrático tengan la posibilidad de manifestarse y participar en la elección de sus representantes, en ningún minuto les asegura que quienes lleguen al poder lo ejecutarán de acuerdo a lo planteado durante su campaña electoral y menos que respetarán los principios de la democracia antes señalados. Para salvaguardar éste punto, Ralf Dahrendorf señala que se necesita de “elecciones más algo” y que ese “algo” correspondería al imperio de la ley. A mi parecer lo planteado por éste, establece los cimientos para alcanzar una sociedad que defienda la igualdad, libertad y otros, donde tanto leyes y principios democráticos se unan hacia un fin común. Esto último resulta de gran relevancia, ya que las leyes por sí solas constituyen un arma de doble filo, pudiendo servir tanto para la represión como para la libertad. A modo de ejemplo podemos analizar lo sucedido en Sudáfrica en los días del apartheid, donde las leyes fueron precisamente el instrumento de represión política en contra de la amplia mayoría de la población [2].

Por lo mismo, combinar ambos aspectos resulta en un desafío importante no sólo a nivel nacional si no también internacional. Ésta tarea es de todos, resultando de gran importancia que participemos más activamente en los asuntos públicos y que no nos remitamos a éstos sólo en época de elecciones. Éste punto resulta crucialmente difícil, ya que las condiciones actuales favorecen a que los individuos se absorban en los espacios privados y deseen ser interrumpidos lo menos posible, dejando sólo una pequeña puerta para acceder en contadas oportunidades al espacio público. Por lo mismo estamos poco o mal informados a la hora de cruzar éste umbral (hay mucha información disponible pero ¿sabemos distinguir cuál es relevante a la hora de manifestar nuestras opiniones?), lo cual a su vez me hace cuestionar la calidad de nuestras participaciones e intervenciones como ciudadanos. Es más, insertos en nuestro mundo privado dejamos de lado la importante labor de controlar a nuestras autoridades y el uso que éstas dan a las leyes. Esto último resulta fundamental, puesto que los hombres, tal como lo señala Hobbes en sus escritos, se mueven por sus deseos de conseguir gloria y esto les impide considerarse iguales a los demás [3], lo cual a su vez los lleva en situaciones de poder a aplicar las leyes de modo tal de satisfacer sus necesidades y fortalecer su poder. Por lo mismo creo importante que cada uno se comprometa más allá de su espacio privado y que logremos impregnar en cada individuo el imperio de la ley, que nuestra conciencia colectiva garantice el cumplimiento de éstas en concordancia con los principios democráticos de libertad y garantías para todos los ciudadanos de una nación [4].

No olvidemos que el sufragio es una manera de elegir representantes para administrar el Estado, pero esto no nos exime de nuestra responsabilidad de controlar y participar del espacio público.

[1] http://www.elprisma.com/apuntes/ciencias_politicas/democracia/

[2] http://www.unesco.org/issj/rics152/gibsonsp.htm

[3] www.cepchile.cl/dms/archivo_1066_71/rev23_godoy.pdf

[4] http://www.unep.org/ourplanet/imgversn/153/spanish/annan.html

Poder y decisión

La globalización predominante en nuestros días y la consecuente sociedad moderna, donde los individuos abogan por mayores libertades individuales, nos ha llevado a tercerizar la resolución de conflictos que generan tensión social. Esto ya que deseamos dedicar el escaso recurso del tiempo a materias que atañen a  lo “privado” de cada cual, persiguiendo por consiguiente ser “interrumpidos” lo menos posible por asuntos que atañen a lo “público”. Por ende, hemos delegado en los actores políticos la responsabilidad de generar orden social, les hemos otorgado el poder para normar y establecer leyes vinculantes, con lo cual a su vez les conferimos el poder para delegar en otros órganos las decisiones que les atañen.

A mi parecer el punto fundamental lo constituye el poder, el cual al ser delegado nos lleva a una situación de desigualdad autoimpuesta (los actores políticos se vuelven más “grandes” en comparación al resto de los ciudadanos). Así, ¿a caso no es nuestra responsabilidad el modo en que se conducen las decisiones sobre los diversos conflictos sociales? ¿Por qué interpelamos a los actores políticos por judicializar distintos fenómenos y no asumimos nuestra responsabilidad de no haber delimitado en un principio las obligaciones que les corresponden (y que por ende por ley no pudieran eludir ni delegar a otras instancias)? Frente a estas interrogantes, alguien podría apelar que los individuos que se postulan para asumir cargos públicos conocen perfectamente a qué están llamados y por consiguiente caen en falta al judicializar fenómenos sociales por el hecho de no querer asumir los costos políticos que la decisión conlleva.

Ahora bien, el hecho de conocer sus deberes no significa que sean especialistas en cada materia que involucre al espacio público y por ese motivo, pueden hacer uso de otros poderes del Estado. Podemos citar el caso de la “píldora del día después”, en que hay componentes biológicos y morales involucrados en la decisión. Si se parte de la base que la píldora no es abortiva, no habría problema desde el punto de vista moral en legitimarla, pero ante la polémica sobre cuál es el momento en que se genera una nueva vida (algunos sostienen que la vida comienza con la fecundación del óvulo y otros que ésta se inicia al momento de la implantación del cigoto) el Poder Ejecutivo tiene la facultad para solicitar a la justicia que se pronuncie, puesto que a los gobernantes no se les ha delegado decidir sobre la vida o muerte de las personas y en caso de hacerlo podrían ser acusados posteriormente de un asesinato masivo.

Según mi opinión, el análisis debe centrarse en la forma en que hemos organizado la resolución de conflictos y sobre quienes hemos delegado tal tarea. En la medida que aprendamos a escoger gobernantes y legislativos que se atrevan a tomar decisiones y a responsabilizarse de sus posturas, sin judicializar la solución de los problemas, estaremos acotando el marco de acción del Poder Judicial.

No obstante el cómo y quién toma las decisiones siempre producirá cierta tensión puesto que lo público no es un mundo de blanco o negro, sino un matiz cargado de historias tanto comunes como personales, valores, idiosincrasia y un sin fin de otros componentes.

http://www.emol.com/noticias/nacional/detalle/detallenoticias.asp?idnoticia=382424

http://www.emol.com/noticias/nacional/detalle/detallenoticias.asp?idnoticia=365241

http://szczaranski.blogspot.com/2005/12/cabalgar-el-tigre-de-la-judicializacin.html