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La efectividad de las instituciones

noviembre 24, 2010 Deja un comentario

No. Los políticos no son (generalmente) irracionales, mal intencionados o ineptos. De si son corruptos o no es harina de otro costal. Pero entonces… ¿Por qué diablos nunca llegan a los acuerdos deseados por ellos mismos? ¿Por qué no cumplen sus promesas de campaña? ¿Por qué parece ser que la política no soluciona los problemas que se supone debería? A mi parecer la respuesta se encuentra en las instituciones. Las instituciones son un arma de doble filo ya que son las mismas que en la sociedad proveen la serie de derechos básicos para las personas, y, como diría Rawls, las que deben proveer a todos la cantidad de imparcialidad en las condiciones básicas para alcanzar nuestros planes de vida. Pero son también las mismas que, siguiendo los preceptos anteriores, las que impiden que los actores políticos de turno en el poder hagan a diestra y siniestra cuanta reforma se les ocurra. Queramos o no, vivimos en sociedades en las cuales existe gran diversidad de opinión con respecto a todos los temas y, lo que es lo mismo, sectores políticos con posturas contrapuestas que en muchos casos son irreconciliables. Frente a tales diferencias, no podemos simplemente vivir con las reglas de aquél que esté en el poder de turno, para luego, cuando la otra ala gane las elecciones, reformemos toda nuestra estructura social. No. Es necesario encontrar un punto medio de encuentro, y es en este punto en donde surgen las instituciones como medio de asegurar la estabilidad. Pero éste es un mundo cambiante, con tendencias que mutan  con las generaciones, y no es precisamente estabilidad lo que buscamos, sino adaptabilidad. De acuerdo, pero este estado al que lleguemos finalmente debe ser legítimo, de modo que las partes con distintas miradas sobre el mismo, acepten y validen tanto la solución, como el método al que se llega a ella. Y este método es precisamente la política y sus instituciones. Los políticos que llegan al poder no pueden pasar por encima de todas las instituciones existentes para imponer sus reformas, porque violarían la condición previa que ya mencioné. Por lo que deben hacer una propuesta que se acerque más a lo que ellos consideran bueno o deseable, tomando en cuenta las preferencias de la contraparte que tenga poder político de decisión (generalmente el congreso o grupos sindicales). Por lo mismo, la propuesta que se hace no es la que ellos preferirían en todos los casos ni consideran como óptima, sino es la que saben se acerca más a lo deseable y que saben que tiene posibilidad de ser aceptada. Esto es netamente teoría de juegos. Las instituciones son una espada de doble filo precisamente por lo mismo: porque muchas veces, aunque exista disposición de los actores al llegar al óptimo, finalmente se llega a un “dilema del prisionero”, dejando las reformas igual o más deficientes, y la percepción ciudadana de los políticos y su efectividad aún peor.

http://www.econlink.com.ar/definicion/teoriadejuegos.shtml

http://ghrendhel.tripod.com/textos/rawls.htm

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El mercado de la democracia

octubre 27, 2010 Deja un comentario

Es un hecho que la democracia y sus instituciones ya no presentan las mismas características que poseían hace 20 años. En un mundo globalizado y, como se señala en el artículo, instantáneo, los votantes le piden a los actores políticos cosas que muchas veces estos últimos no pueden darles. Al vivir todos en un mundo abierto al mercado internacional, muchas veces tenemos lo que se denominan “necesidades importadas”. Con esto se pretende indicar que son producto del intercambio y la interconectividad entre las naciones y pueblos y al escapar de los distintos territorios, los actores políticos locales caen en el error de prometer cosas que saben que no pueden cumplir, ya que muchas veces las soluciones a los problemas de la ciudadanía se encuentran fuera del control interno. En la actualidad, en un mundo rutilantemente rápido, las necesidades buscan ser cubiertas de la manera más rápida posible y si una solución tarda mucho tiempo en dar luces de avance, simplemente se opta por otra. Aquí se genera un problema, dado que los procesos políticos son generalmente muy lentos y es difícil transmitir a la ciudadanía la visión compartida de una causa común. Quizás nuestro sistema o modo de ejercer la democracia está quedando un poco obsoleto debido al rápido avance de las comunicaciones, la generación de tendencias y el creciente individualismo derivado del libre mercado. Es un hecho preocupante que las personas estén tan desapegadas de lo que acontece en el espacio público, ya que podría eventualmente poner en riesgo la validez de un sistema democrático como lo conocemos al generar una despolitización en vez de una politización de los asuntos, vale decir, un retroceso. El asunto, bajo mi punto de vista, se debe a que los partidos políticos se han quedado sin agenda, por lo que tienen poco o nada que ofrecer a los votantes, y por lo mismo, es muy poca la representatividad que pueden generar. Los sistemas democráticos actuales tienen como piedra angular el poder legislativo, que es en su totalidad elegido entre los mismos partidos políticos. Pero muchas veces sucede que no existe un verdadero incentivo individual de las personas para ir a votar, como era antaño por todas las luchas fervorosas que nuestros padres conllevaron, para cualquier sector y tengo la percepción, que los partidos actuales paradójicamente se quedaron estancados en la antigua lucha, en vez de evolucionar conforme a los tiempos.

Al igual que la oferta, considero que los partidos políticos, y las instituciones democráticas deben moldearse según como vaya cambiando el mismo mercado, en este caso, el mercado de los votantes. En caso contrario y, en una visión bastante catastrofista, es posible que el mercado de la democracia deje de existir y simplemente porque los oferentes no saben interpretar lo que los demandantes de verdad quieren (o requieren).

 

Democracia + las instituciones que la resguarden

septiembre 27, 2010 Deja un comentario

El autor Ralf Dahrendorf señala en su apartado que se está dando en el último tiempo la tendencia en ciertos países con tradición democrática, de poner al poder a agentes que precisamente no creen en este sistema, generando inestabilidad e incertidumbre, y para ejemplificar este hecho, parte con la reflexión que hace el filósofo Karl Popper, que la democracia es meramente un método de transición entre un gobernante y otro, pero sin derramamiento de sangre y de esta manera se ahorra la necesidad de una definición de democracia más romántica (inclusiva, igualitaria, etc.) Sin embargo, considero que una visión de la democracia tan simplista es la que precisamente da paso a gobiernos antidemocráticos. Al no existir en la sociedad un arraigo profundo hacia este sistema y sus virtudes, se pierden los incentivos para mantenerlo. Esto se debe a que la democracia no es vista como lo que debería ser; ciudadanos preocupados de los intereses de la polis, informados y dispuestos a trabajar por el bien común. Una visión de la democracia como un mero método para llegar al poder es precisamente lo que la ilegitima, ya que por cualquier motivo imperante en el minuto, se puede dar paso a otro sistema de gobierno, y es lo que queremos y debemos evitar. Se plantea en el texto que hoy en día la democracia por sí sola no basta. Que es necesario algo más, y el autor lo denomina como “Imperio de la Ley”. Esto quiere decir, que para mantener un régimen democrático representativo debemos asegurar tanto la democracia como sistema electoral, así como también instituciones que la resguarden y la perpetúen. Al existir instituciones, vale decir, “reglas del juego” que se encarguen del resguardo de la democracia, así como también votantes, cualquier intento antidemocrático se vería frustrado, ya que el espacio público se vería normado por estas reglas del juego, que son superiores a los agentes políticos mismos, porque serían trascendentales en la sociedad democrática. Alguien podría pensar que si algún agente político antidemocrático llega al poder a través de las urnas, tendría la potestad de cambiar las leyes, para lograr su ideal antidemocrático, pero este hecho queda sin validez al recordar que las instituciones deben surgir de toda la sociedad y por sobre cada agente de ella, incluso los agentes políticos, por lo que si un gobierno atenta contra la democracia, atenta contra la institucionalidad superior del país y pierde legitimidad.

Enlaces

http://es.wikipedia.org/wiki/Imperio_de_la_ley

Tercerización en Conflictos Sociales

agosto 27, 2010 Deja un comentario

El autor señala en su columna que las personas que deben hacerse cargo de las discusiones sobre conflictos sociales, están cada vez mas, tercerizando la discusión al estado, con el objeto de no perder capital político, lo que, en términos del curso, está generando una politización de temas que antes pertenecían al ámbito privado. Si bien se puede afirmar que es un proceso natural en cualquier sociedad del occidente liberal, se nos presenta (por lo menos el autor) ahora como un proceso que, en vez de politizar los asuntos por razones de avance en materias que generen tensión social, se tercerizan, paradójicamente para evitar la discusión en sociedad, delegando muchas veces al poder judicial, en la figura de los jueces, la responsabilidad de deliberar sobre materias que poseen una fuerte carga tanto emocional, como valórica en lo que a la sociedad respecta. El juez, como cualquier otra persona, no puede actuar bajo un “velo de la ignorancia” como diría Rawls, ya que es imposible dejar de lado todas las convicciones morales y valóricas para dictar una resolución como si se tratara de una autoridad moral infalible. Y eso se extrapola a muchos otros factores en la historia del país, como lo son los casos de juicios a los violadores de los Derechos Humanos. Es difícil separar la línea entre justicia y venganza, y sobre todo, en materia de conflictos sociales, donde no hay ningún tipo de ley asociada, por lo que no se puede llegar a una solución simplemente normativa y por la misma razón que se tercerizó el conflicto en un principio. La única manera de obtener resultados en estas nuevas materias que ahora se están abriendo al espacio público es, precisamente, no sacarlas de ahí, ya que consecuencia de lo contrario es simplemente seguir “pateando” el tema hacia el futuro.

El autor en su columna es mas bien catastrófico en su visión (o al menos en una), ya que asevera que de seguir así, terminaremos en un gobierno judicial, donde los conflictos relativos a una sociedad, terminen siendo resueltos por una élite política, donde el resto de los ciudadanos no tendrán arte ni parte, y ofrece como solución, por lo menos a corto plazo, contar con magistrados mas abiertos, y apegados a normas morales generales, que sería lo mismo que decir que se pongan tras un velo de ignoracia, lo cual ya mencionamos que al menos en materias de discusión pública, es imposible. La verdadera solución a este problema es que se ejerza un correcto uso de la representación ciudadana para que, aunque sea, lleguemos a algún acuerdo formal en estas materias, si es que no se puede llegar a uno sustancial. En caso contrario, la tensión social desencadenará un fallo en la política, reflejado en la incapacidad de los actores políticos de llegar a acuerdo.

Rodrigo Núñez J.