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Cuando se hace lo mejor que se puede

noviembre 29, 2010 Deja un comentario

Cuando se menciona el concepto de política, estamos haciendo (muchas veces de forma implícita) referencia al concepto de orden, más específicamente aun, a una relación social de valores para poder generar ese tan utópico orden.

Intentemos pensar este abstracto concepto desde una perspectiva más directa. Durante el día a día la mayoría de nosotros esta habituado a tomar decisiones en función de nuestros propios recursos como el tiempo, dinero, amigos/ familia/ compañeros de trabajo (capital humano) y muchos otros. Muchas veces incluso uno se ve obligado a tomar decisiones por otros. Pero, ¿se imaginan lo complicado que debe ser el tener que tomar decisiones por miles de habitantes?

El orden social surge de la necesidad de un mutuo beneficio, de tal forma que se forja de forma colectiva y no espontánea, en donde (en una realidad entre iguales donde nadie ejerce poder sobre otros) surge la necesidad de un tercero (agente que amortiza los costos de transacción entre las relaciones de muchos individuos) a quien se le delega poder y es el encargado de tomar todas esas decisiones por todos nosotros. Sí, posiblemente se sienta muy bien contar con todo ese poder, pero como mencionábamos antes, realmente ¿les entra en la cabeza el concepto de tener que tomar todas esas decisiones? ¿El hecho de tener que orquestar el orden para la satisfacción de todos?

Pero la realidad es mucho más cruel con este agente, ya que en el mundo en donde vivimos no es igual para todos (donde toda esa desigualdad termina en el espacio publico) y en donde por la búsqueda de un orden total se recae en acuerdos o instituciones globales. Es en esta realidad donde el político debe ya no solo satisfacer la necesidad de una sociedad que por defecto es desigual, sino que también debe hacerlo respetando (y haciendo respetar) las instituciones que involucran a todo ese aparato social.

Sin cantar victoria todavía, esta situación se puede poner más triste para el señor político, ya que este personaje se verá enfrentado a problemas de acción colectiva, donde lo “bueno” individualmente es distinto al propósito común. Una situación muy recurrente en sus actividades del día a día en donde para solucionar este tipo de conflictos (en su búsqueda por ejercer política) tendrá que asumir las dificultades de altos costos de transacción, de incentivos estratégicos y de buscar formas innovativas de incentivar a la gente.

Y dado que es probable (para casos como el nuestro) que esta persona, este agente plagado de todos los inconvenientes señalados anteriormente se encuentre cara a cara con un gobierno democrático, entonces todos sus problemas se verán multiplicados por diez ya que por cada decisión que tome tendrá que no solo buscar el beneficio colectivo total, sino también el respeto de la opinión individual.

Y tu ¿todavía crees que toda la culpa recae en los políticos? ¿O eres de los que se dan cuenta que en la “mierda” desigual de sociedad actual ellos hacen lo mejor posible?

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De estados nacionales a estados globales

octubre 25, 2010 Deja un comentario

Con el paso del tiempo, las relaciones colectivas han evolucionado de forma constante y progresiva, aunque no siempre a favor de la misma sociedad, llevando a esta a sorprenderse de los caminos que ha transitado a lo largo de su existencia.

Inicialmente, los seres individuos (seres racionales que buscan su propio beneficio y se encuentran en una constante guerra con otros individuos) deciden incursionar en una asociación con otros individuos (Leviatán – contrato social) formando comunidades en donde se generan instituciones sociales para respaldar dichos acuerdos y respaldar el orden social (recordemos que uno de los fines de la política social es el de generar orden).

El siguiente paso de evolución es el de una sociedad más compleja, constituida por más individuos, donde el poder mantener el orden se vuelve una situación más compleja (problema de acción colectiva) y donde el peso de este recae en el surgimiento de más  y complejas instituciones. Luego, esto da paso al requerir de terceros (delegación de poder – agentes) para poder mantener el orden (a cambio de someterme a reglas o incluso a la voluntad de este tercero [Feudalismo] a cambio de protección y orden).

Continuando con el proceso histórico, el siguiente movimiento de los individuos es el de evolucionar a la idea de derechos individuales, de aspirar a una sociedad que garantice ya no solo la protección y orden de sus individuos, sino que la igualdad y derechos básicos en cada uno de ellos. Es debido a esto que surge el concepto de estado nación, un estado que persigue la idea de una sociedad que promueve la democracia entre sus individuos. Pero del dicho al hecho existe un gran trecho y podemos ver que como en la practica simplemente se alcanza ha una breve aspiración a esta.  Las sociedades llamadas democráticas se encuentran en una constante batalla por alcanzar la mayor capacidad democrática como les sea posible, balanceando dos conceptos bastante fundamentales, como lo son la capacidad de representación (derecho a sufragio) y la capacidad de debate que promueven a sus individuos (libertad de expresión tanto para el gobierno como para su oposición). Dicho balance es lo que determina (además de los derechos básicos que una sociedad de estado nación “democrática” debe sostener) que tan cercano se esta de alcázar este mundo utópico conocido como democracia, y lo que determina a su vez si una sociedad se clasifica (de forma real) como poliarquías, oligarquías, hegemonías representativas o incluso hegemonías cerradas.

Pero un concepto externo llega ahora a perturbar los conceptos anteriores, y es que los individuos, o mejor dicho las sociedades creadas por estos, se intentan comportar como un solo individuo intentando asociarse con otros, y es lo que actualmente conocemos como el concepto de estados globales, una de las consecuencias de la globalización mundial llevada acabo en las últimas décadas.

Una de las mayores ventajas de la globalización, es que esta permite vigilar a quienes nos vigilan. Dicho de otra forma, la globalización permite que un país, como los individuos de este y aun más importante, el gobierno de este, sea supervisado por otros países (y por instituciones sociales globales: Leyes en contra de la violación de derechos humanos, corte internacional de justicia, etc.).  Esto trae como beneficio el impedir (o limitar) sucesos como genocidios y practicas en contra del mismo gobierno (y de sus individuos e instituciones). Esto es gracias a que la sociedad ya no solo se genera y pertenece a si misma, sino que comienza a formar parte de una sociedad de sociedades, un nivel social aun  más superior, en donde las sociedades pasan a ser globales.

Pero esto trae consigo consecuencias a menudo no contempladas por la misma sociedad, y es el hecho de que se comienza a perder la identidad de sus propios individuos, trayendo consigo un nuevo problema para el estado, la perdida del control de su propia sociedad.

Una de las facultades que le entrega mayor legitimidad de poder a un estado (y de las instituciones de este) es el hecho de una identidad colectiva y común entre sus individuos, que permite (y reponencia) las actividades de un gobierno que representa (aspiración de democracia mediante una poliarquía actual) a todos sus individuos. Pero cuando esta identidad se comienza a quebrantar, el estado (y sus instituciones) comienzan a perder influencia en sus mismos individuos, obteniendo como resultado una penosa cifra de individuos calificados inscritos en el sistema electoral, como una aun más penosa cifra de votantes activos.

Y esto no solo se queda aquí, la pérdida de la propia identidad (o el surgimiento de una nueva identidad ya no en mi sociedad nativa, sino que en una sociedad supra-territorial como lo puede ser el empalizar con costumbres o creencias ajenas a mi nicho social) logra que se expandan los peores vicios sociales, surgiendo movimientos xenófobicos entre otros, en donde podemos observar como la misma sociedad se da cuenta de la expansión de una sociedad supra-territorial (aunque de forma inconciente) y la intenta suprimir mediante acciones de movimientos como los ya mencionados.

Es increíble como a lo largo de una sociedad, en donde desde sus inicios se buscó el accionar en conjunto colectivo, cuando ya ha alcanzado uno de los escalones de unidad social más elevados de los que puede aspirar, las instituciones flaquean y se vuelven endebles frente a este accionar de la sociedad. El estado debe darse cuenta que la falla en su control por parte de la sociedad radica en el hecho de que este no ha evolucionado en el último periodo a la par con su misma sociedad. Actualmente, para lograr el control de una sociedad que se dirige al concepto de una comunidad si barreras, es necesario pensar en un estado sin barreras, un estado que respalde (quizás mediante nuevas instituciones) el accionar de esta nueva sociedad que se esta generando.

Quizás es hora de pensar que las dificultades, el desorden y la desorientación a la que se ve envuelta nuestra sociedad actual es por que esta pide a gritos el nuevo paso de evolución de la política contemporánea, la existencia de instituciones y estados totalmente globales.

 

“Globalizacion y cultura: Homogeneidad, diversidad, identidad, libertad”; Tom G. Palmer: http://www.elcato.org/node/1425

Globalizacion y cultura: Homogeneidad, diversidad, identidad, libertad

Ordenar a los que nos ordenan

septiembre 27, 2010 Deja un comentario

De la columna leída podemos rescatar dos conceptos bastante relevantes y complementarios entre si, como lo son la democracia y la ley. El autor (Ralf Dahrendorf) sostiene que cuando se ejerce democracia por si misma, no existe ninguna garantía de quien obtenga el poder sea alguien que se guíe por un pensamiento demócrata. Es más, es bastante probable que quien obtenga el poder base sus acciones (y la aplicación de ese poder) según sus propias convicciones y bajo el amparo de su propia racionalidad. Ejemplos no son pocos, como el ya mencionado régimen Nazi, o como sus símiles en otras partes de Europa en donde bajo acciones democráticas, se termino delegando el poder a un gobierno dictatorial.

Si extrapolamos lo anterior a cualquier tipo de red social, podemos partir analizando que entre muchos individuos siempre tendremos altos costos de transacción para disponer de un orden. Entonces, para hacer más fácil y dinámico el proceso de acción (y simplificar la complejidad social) aumenta el uso de terceros o representantes (agentes) como un mecanismo de orden social, en donde a este agente se le delega un poder para que actúe en función de las necesidades de la comunidad.

Pero, ¿Cómo este agente maneja el poder? Bien, la verdad es que este agente tiene dos opciones a elegir (simplificando lo más posible sus cursos a seguir). El puede usarlo para el bien, o puede usarlo para el mal (en donde no se aplica la regla de que todo gran poder trae consigo una gran responsabilidad). Bueno, la verdad  resulta no ser  tan así de fantástico pero lo que sí resulta ser cierto es que si toda una comunidad se pone de acuerdo para transferirle poder a un tercero (digamos mediante una acción democrática), lo que están haciendo es confiar sus necesidades en alguien (o algo) que posee el suficiente capital social (e incluso físico y económico) para ser escogido como agente. Pero esa confianza puede ser fácilmente quebrantada. Tan simple como que no existe una garantía de que el famoso personaje al que le delegamos el poder sea el idóneo para el cargo (o puede que si lo sea, pero en el transcurso del tiempo sea tentado por el lado oscuro, en fin, se entiende la idea).

Entonces, podemos decir que una comunidad le da el poder supremo (para hacerlo más interesante) a un tercero y este (que surge como un mecanismo de orden) puede hacer lo que se le da la gana (desorden) y ¿no tiene que rendirle cuentas a nadie? (who watch the watchmen?)

Bueno, la sociedad tiene para estos casos su propio seguro de vida (algo así como una súper mágnum de arma secreta) y es la ley (no el grupo). Para dar orden a quien nos debiese dar orden, o para asegurarse de que lo haga la ley se impone como un método efectivo para garantizar que los agentes cumplan con su función o rol. Dado que la ley es un mecanismos creador por y para la sociedad, se ajusta firmemente a las necesidades de estas obligando a los agentes a no transgredirla y a enfocarse a las necesidades (actuar sobre las necesidades y desigualdades en espacio público), resultando como el perfecto ordenador de aquel que nos ordena.

Si bien comparto plenamente la opinión del autor en torno al concepto de que el resultado de una elección de delegación de poder es una actividad que debe ser controlada por la ley para su resguardo (basándome en lo explicado con anterioridad), también puedo entender el posible contra-argumento de que es necesario para ciertas situaciones extremas la existencia de amparos legales que ayuden a aquel que representa el poder delegado (agente) a sortear la ley para hacer más expedita y efectiva la acción de orden (mencionado en la columna). Pero frente a este argumento el mismo autor entrega una respuesta favorable que comparto totalmente. Dejar que el agente este por sobre la ley le da la oportunidad de aprovecharse de esos vacíos nuevamente para su propia conveniencia y no para el resguardo de la propia sociedad.

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Cuando el espacio pasa a ser… de todos

El presente texto toca una pieza fundamental de lo que hoy conocemos como espacio publico, y es justamente el hecho de cuando una actividad pasa a ser responsabilidad ya no de un determinado grupo de personas, países o naciones, sino que pasa a ser de responsabilidad global.

Si tomamos el caso de la justicia (como lo menciona el texto) es fácil darnos cuenta que este concepto cae medio a medio en lo que hoy llamamos espacio publico. Entendemos por este concepto al lugar tangible o ficticio en donde se solucionan las tenciones no resueltas ocasionadas por las desigualdades sociales. Entonces, ¿es la justicia parte del espacio público? Más que referirnos a la justicia como parte del especio publico, podemos caracterizarla como una herramienta de este, como una forma de solucionar estas tenciones no resueltas en base a desigualdades. Pero el texto no se refería únicamente al hecho de la justicia, de hecho su trasfondo era mucho más profundo que eso. El autor abordaba el concepto de responsabilidad global, frente a temas que trascienden el concepto de localidad que muchas personas tienen encadenados a la idea de espacio publico. Debido a la globalización inminente que ha desarrollado el mundo, y más aun, debido a la condición intrínseca de animal social que evoca de nosotros es inconcebible estar exentos de acciones y actividades que pertenecen al concepto de espacio publico y que se intentan despolitizar solo por el hecho no encontrarse en nuestra localidad.

Es debido a lo anterior que me inclino a favor de lo expresado por el autor. Es totalmente favorable la existencia de un mecanismo regulador de las actividades de los individuos ya no solo local (sistemas judiciales de cada país), sino uno que responde de forma mundial. Esto hace posible que ya no solo cada país responda por el espacio público que le corresponde, sino que la unión de todos estos espacios públicos se ven inmersos en un nuevo especio publico, en uno global, que responde a desigualdades globales y soluciona tenciones globales desde varias aristas, una de ellas, ejerciendo y haciendo efectiva la justicia desde un enfoque mundial por parte de la corte internacional de la justicia.

Son muchos los factores y beneficios a favor que una perspectiva como la anterior genera a la sociedad global, pero aun existe el pensamiento colectivo de muchos individuos  que rechazan la existencia e intervención de terceros frente a procesos que afectan a una determinada localidad. Si tomamos el ejemplo del tribunal de la Haya, existen determinados casos en que sus fallos (de una total autoridad) causan descontento y disgusto por parte de la sociedad envuelta en ellos (http://www.lanacion.cl/argentinos-en-masiva-marcha-contra-fallo-de-la-haya/noticias/2010-04-25/151914.html), pero no solo por el hecho de que el fallo no fuera lo que ellos esperaban, sino por el concepto de que su problema también era visto por ojos de terceros.

Es en esto casos en los que podemos observar que al extrapolar un espacio publico local (un conflicto social de un determinado país) a un espacio publico global (cuya resolución es manifestada por el tribunal de la Haya) genera muchas veces que la perspectiva de análisis deje de tener en cuenta los valores locales y esto lleve a solucionar las diferencias producidas de una forma errónea.

Si bien este  puede ser un argumento usado en contra del llevar un especio publico a un nivel más global, se ha demostrado que la inexistencia de mecanismos que permitan intervenir en los espacios públicos es aun más desfavorable para la sociedad. Un ejemplo claro es lo ocurrido en la ex Yugoslavia, donde los genocidios en Bosnia por los conflictos religiosos cristiano-musulmán no podrían haber sido resueltos más que por la intervención de su espacio publico por terceros, llevando este a un espacio publico y a una responsabilidad global.

Es por esto, que el espacio público no debe separarse en una sociedad actual de forma local cuando este trasciende a niveles de necesidad y apoyo global, aunque su inmersión en este ámbito debe ser cautelosa y limitada para evitar transgresión en los valores que conforman al concepto de espacio público.