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¿El juez o la ley?

agosto 27, 2010 Deja un comentario

Aquellos asuntos en los que la ley no alcanza para dictaminar por sí sola, obligando al juez a decidir, nos conduce al análisis de dos elementos.

En primer lugar, debemos observar a dicho juez y el rol que desempeña.

Según lo estudiado en clases, cuando existen conflictos entre iguales, una de las posibles soluciones para hacer creíble la amenaza, o bien, para que el acuerdo sea respetado por ambas partes, es utilizar a un tercero. Este tercero, será el responsable de velar por el correcto cumplimiento del contrato estipulado. Sin embargo, decir que esta entidad funcionará con estricta rigurosidad porque el pacto así lo especifica, parece, a lo menos, imposible. Este es el papel que le toca ejercer al juez.

Bajo esta situación, podría parecer atractivo elaborar una estrategia que permita reducir aquella probabilidad de que el juez actúe, incluso inconscientemente, bajo la óptica de sus principios, desarrollando aún más la forma en cómo logramos que una institución, entidad, o como en este caso, un juez, logre abstraerse completamente de sus convicciones éticas, y de sus creencias únicas e individuales, para poder ejercer con cada vez menor arbitrariedad. Pero como contraargumento, es precisamente porque los principios y creencias son características innatas y subyacentes a las personas, que es imposible pensar en políticas que permitan cambiarlas, ajustarlas o adaptarlas.

Sin embargo, la dificultad no sólo encontrará fuerza ante la eventualidad de que dicho tercero no actúe con rigor, sino que la elaboración de la norma arduamente considerará el inmenso abanico de posibilidades que se pueden presentar para cada uno de los casos.

Es por esto que en segundo lugar, se debe examinar la ley y cómo esta es elaborada. A mi juicio, es precisamente en el ámbito de la elaboración de proyectos de ley donde todavía hay mucho campo para trabajar y avanzar.
Pero para que esto se logre, el objetivo debe ser poder prescindir de la forma en cómo el juez actúe. Que no importen aquellas características subyacentes que lo lleven a actuar de tal o cual manera, pues las leyes serán capaces de valerse por sí solas.

Bajo este horizonte, una posibilidad podría ser crear tantas leyes como eventualidades pudiesen presentarse. Sin embargo, es una opción que difícilmente podría ser llevada a cabo. Tiene mucho de ambiciosa y poco de factible. Además, no sólo será difícil considerar y legislar de acuerdo a cada eventualidad, sino que entre más leyes existan, mayor será la dificultad para el juez cuando tenga que sustentarse o valerse de alguna para poder dirimir. Mientras más precisa sea una ley, más se diferenciará de un hecho concreto.

Pareciera ser que, bajo este análisis, la posible solución se podría encontrar organizando tanto al juez como a la ley. Podría ser que, bajo leyes generales, los jueces atendieran a cada caso como uno particular y único. Que se observaran los detalles de cada situación para evaluar y posteriormente dictaminar. Cada escenario debiese tener una resolución exclusiva, en donde los terceros, eso sí, no tengan intereses comprometidos.

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Pensando como Juez

agosto 27, 2010 Deja un comentario
Andrés Amunátegui, Abogado Licenciado en Ciencias Jurídicas y Sociales, ha comentado en su artículo publicado el 02 de Octubre del 2008 para el diario La segunda un tema que es de suma relevancia para nuestro curso de Política. Principalmente habla del rol que se ven forzados a tomar los miembros del Poder Judicial, debido a la incapacidad o temor de los diferentes agentes políticos de asumir los costos políticos que aquella decisión, cualquiera que sea, pueda conllevar.
Este rol vinculado a dicho poder del Estado viene siendo el de un juez, un tercero que deberá encargarse de que se cumplan las normas pactadas previamente por los diferentes agentes políticos. Pero realmente el problema surge cuando este juez no solamente se va a dedicar a que las normas o pactos establecidos entre los diferentes agentes políticos se cumplan, si no que, cuando inclusive, deberá elegir dichas normas o pactos él mismo, elevando su poder político por sobre el resto.  Y es ahí mismo donde Amunátegui plantea la pregunta de si es que es posible pensar que el juez hará abstracción de sus convicciones más íntimas, de su propia ideología, de su idea sobre la vida, la verdad, la justicia, etc. al momento de resolver aquella controversia.
Es realmente difícil pensar que un ser humano será capaz de hacer tal cosa, puesto que al igual que Amunátegui, creo que ese nivel de abstracción no es posible. El hecho de poder evaluar un caso sin sentirse relacionado con este en lo más mínimo me parece algo imposible de ser realizado por un ser humano, y es que es algo intrínseco nuestro el acto de formar vínculos. Puesto que formamos estos vínculos, de una u otra forma nos veremos involucrados en aquella disputa en cuestión por algo más que el solo hecho de ser el juez imparcial que decida; y pasaremos de ser un juez imparcial, a ser aquel ser humano que por uno u otro motivo se ve afectado en mayor o menor medida por la decisión que se tome.
Más aun, inclusive si alguna persona planteara el supuesto de que efectivamente los vínculos entre los agentes políticos y el juez son demasiado lejanos, tanto así que no sea un factor determinante; aun así el hecho de vivir en sociedad y de que esta lo reconozca como un juez, hará que este se sienta observado y más aun, tentado a actuar según sus valores personales, actuando y rigiendo su actuar según estos. Por ende, puesto a que nuestra decisión va a afectar el cómo nos vean, y a cada individuo le interesa mostrar que es un ejemplo de sus valores personales, es que de todos modos, aun si pudiera, el juez no va a decidir abstraerse de estos.
En conclusión, ya sea porque es prácticamente imposible no generar algún vinculo con los agentes políticos que disputan (y por ende, convertirse no solo en un ejecutor si no también en un afectado por dicha ejecución) o bien porque vivimos en sociedad y aunque no nos afecte dicha ejecución, aun así pretenderemos actuar y tomar las decisiones según nuestros valores personales, puesto que somos o pretendemos ser un reflejo constante de ellos, es que es realmente imposible pensar que alguien va a poder abstraerse en su totalidad para tomar una decisión.
La idea que he expuesto sobre la sociabilidad inherente del ser humano y su incapacidad de no generar vínculos no solo se ve respaldada por el curso de política: instituciones, si no que también por documentos expuestos en la pagina “biblioteca jurídica virtual” http://www.bibliojuridica.org/libros/libro.htm?l=1071
Ortiz, Julio César
Jonathan Knapp Dimonte
27/Agosto/2010

El juez: mas allá de sus atribuciones…

agosto 27, 2010 Deja un comentario

Sin duda que la participación de un juez, con respecto a temas tan relevantes a nivel nacional como es el derecho a la vida o la simple definición de familia, van más allá de sus atribuciones entregadas por el poder judicial y por la propia política. Esto se debe básicamente a que los temas con carácter religioso o éticos morales van tienen mayor influencia que la de las leyes y artículos establecidos. Aquí la decisión del juez se ve directamente afectada por su pensamiento y valores, generando un resultado distorsionado.

Como se menciono en clases, es cierto que el poder que se le entrega a un tercero para solucionar conflictos de interés es una herramienta bastante eficaz cuando hay distintas problemáticas técnicas, para así evitar los famosos costos de transacción. ¿Pero es una herramienta adecuada para enfrentar distintos juicios de valor? Creo que no, ya que se le otorga a esta persona un amplio poder sobre  lo que se debe hacer y cómo hacerlo, coartando principios como la libertad. Un ejemplo podría que un juez obligue a una mujer Testigo de Jehová a transfusiones de sangre, apelando que su vida corre peligro y se debe intervenir, y asi el juez hace valer la protección a la vida. ¿Pero en algún momento se tomo en consideración la religión de la mujer y las consecuencias que eso conlleva en su vida diaria? ¿El juez es una persona facultada para presionarla?  

Como contraargumento algunos podrían plantear que tener a un juez con grandes facultades hacen que los costos de contratar magistrados especializados en problemas que tengan muchas interpretaciones y respuestas aumente considerablemente. ¿Pero no será este gasto un dinero bien invertido? Creo que sí, ya que todos más de una vez hemos presenciado programas como” La Jueza” y “Caso Cerrado”, donde personas comunes (con educación o no) NECESITAN RESPUESTAS para poder ir de frente por la vida y solucionar conflictos de interés entre ambas partes. Si, es cierto que no es un tema fácil de solucionar por la complejidad de comparar juicios éticos y morales que en sí no son comparables entre ellos por estar en distintas esferas ( dinero v/s vida, salud v/s religión, amor v/s religión) pero ahora que estamos en un planeta globalizado y plagado de información, las personas están cada vez mas desorientadas y no saben que es lo bueno y lo malo, por existir distintas interpretaciones y respuestas a conflictos en distintos lugares del planeta.

A pesar de esto, sigo insistiendo que el adjudicarle este poder a un magistrado puede ser un arma de doble filo, el cual debe ser consciente de las potenciales soluciones o veredictos a entregar con respecto a comparaciones de tipo ético moral. No es solo asignar personas calificadas, sino que se deben dar cuenta los seleccionadores si esta persona se verá influida por sus propios interés y si no ejercerá un poder desproporcionado en su labor… tarea bastante difícil de cumplir porque las personas somos seres influenciables y acostumbrados a lo rutinario.

Links de interes:

http://www.4jehova.org/ayuda-tj-no-sangre.php

http://www.diosesimaginario.com/index.php/2009/adolescente-muere-al-negar-transfusion-de-sangre-testigos-de-jehova/

http://infocatolica.com/blog/coradcor.php/testigos_de_jehova_y_transfusiones_de_sa