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Posts Tagged ‘ley’

Ordenar a los que nos ordenan

septiembre 27, 2010 Deja un comentario

De la columna leída podemos rescatar dos conceptos bastante relevantes y complementarios entre si, como lo son la democracia y la ley. El autor (Ralf Dahrendorf) sostiene que cuando se ejerce democracia por si misma, no existe ninguna garantía de quien obtenga el poder sea alguien que se guíe por un pensamiento demócrata. Es más, es bastante probable que quien obtenga el poder base sus acciones (y la aplicación de ese poder) según sus propias convicciones y bajo el amparo de su propia racionalidad. Ejemplos no son pocos, como el ya mencionado régimen Nazi, o como sus símiles en otras partes de Europa en donde bajo acciones democráticas, se termino delegando el poder a un gobierno dictatorial.

Si extrapolamos lo anterior a cualquier tipo de red social, podemos partir analizando que entre muchos individuos siempre tendremos altos costos de transacción para disponer de un orden. Entonces, para hacer más fácil y dinámico el proceso de acción (y simplificar la complejidad social) aumenta el uso de terceros o representantes (agentes) como un mecanismo de orden social, en donde a este agente se le delega un poder para que actúe en función de las necesidades de la comunidad.

Pero, ¿Cómo este agente maneja el poder? Bien, la verdad es que este agente tiene dos opciones a elegir (simplificando lo más posible sus cursos a seguir). El puede usarlo para el bien, o puede usarlo para el mal (en donde no se aplica la regla de que todo gran poder trae consigo una gran responsabilidad). Bueno, la verdad  resulta no ser  tan así de fantástico pero lo que sí resulta ser cierto es que si toda una comunidad se pone de acuerdo para transferirle poder a un tercero (digamos mediante una acción democrática), lo que están haciendo es confiar sus necesidades en alguien (o algo) que posee el suficiente capital social (e incluso físico y económico) para ser escogido como agente. Pero esa confianza puede ser fácilmente quebrantada. Tan simple como que no existe una garantía de que el famoso personaje al que le delegamos el poder sea el idóneo para el cargo (o puede que si lo sea, pero en el transcurso del tiempo sea tentado por el lado oscuro, en fin, se entiende la idea).

Entonces, podemos decir que una comunidad le da el poder supremo (para hacerlo más interesante) a un tercero y este (que surge como un mecanismo de orden) puede hacer lo que se le da la gana (desorden) y ¿no tiene que rendirle cuentas a nadie? (who watch the watchmen?)

Bueno, la sociedad tiene para estos casos su propio seguro de vida (algo así como una súper mágnum de arma secreta) y es la ley (no el grupo). Para dar orden a quien nos debiese dar orden, o para asegurarse de que lo haga la ley se impone como un método efectivo para garantizar que los agentes cumplan con su función o rol. Dado que la ley es un mecanismos creador por y para la sociedad, se ajusta firmemente a las necesidades de estas obligando a los agentes a no transgredirla y a enfocarse a las necesidades (actuar sobre las necesidades y desigualdades en espacio público), resultando como el perfecto ordenador de aquel que nos ordena.

Si bien comparto plenamente la opinión del autor en torno al concepto de que el resultado de una elección de delegación de poder es una actividad que debe ser controlada por la ley para su resguardo (basándome en lo explicado con anterioridad), también puedo entender el posible contra-argumento de que es necesario para ciertas situaciones extremas la existencia de amparos legales que ayuden a aquel que representa el poder delegado (agente) a sortear la ley para hacer más expedita y efectiva la acción de orden (mencionado en la columna). Pero frente a este argumento el mismo autor entrega una respuesta favorable que comparto totalmente. Dejar que el agente este por sobre la ley le da la oportunidad de aprovecharse de esos vacíos nuevamente para su propia conveniencia y no para el resguardo de la propia sociedad.

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La democracia, la ley y la ignorancia

septiembre 27, 2010 Deja un comentario

¿Cuál es la receta perfecta para una democracia? a decir verdad concuerdo en gran parte con Ralf Dahrendorf. La democracia son elecciones y algo más, el imperio de la ley. Una democracia no puede valerse solo de su ideal y su ilusión, de lo que sueña y espera, sería utópico e irreal, lamentablemente vivimos en un mundo imperfecto, sin buscar provocar a nadie, un mundo en que lo que se pretende construir no es compartida por todos por igual, por lo tanto surgen intereses propios de cada persona y esto genera diversos objetivos, metas y propósitos, lo que genera o puede generar conflicto de intereses. Estos conflictos pueden bien aparecer en la política, como por ejemplo el asenso al poder de un anti-demócrata, lo que sería un gran riesgo para un Estado. Cómo asegurarse de que la democracia permanezca impune a la intención de un anti-demócrata es una pregunta que muchos han querido responder y considero que el punto ilustrado por Dahrendorf es bastante exacto, el imperio de la ley. Para poder sostener y garantizar una democracia deben existir leyes que la reafirmen, y estas deben estar separadas del ejecutivo a cargo del Estado, ya que estas leyes deben ser capaz de juzgar de igualmente a un presidente como a civil, nadie debe ser capaz de funcionar por encima de la ley. Sin embargo esto nos garantiza una sola cosa, que aquel que no debiese estar arriba no se quede, pero ¿Cómo podemos evitar que de partida lleguen tan arriba? Estamos atacando meramente una parte del problema, la otra parte es más difícil de ver y aun más difícil de atacar y es la ignorancia del pueblo.

El punto débil de la democracia es justamente la libertad, todos son capaces de postular a la presidencia y todos tienen el derecho de votar, pero ¿Por quien votar? y ¿Deberían votar todos? A decir verdad, después de mucho reflexionar, he llegado a la opinión personal de que la masa es ignorante, la gente puede razonar y la persona es sumamente capaz, en otras palabras, mientras más grande sea el número de individuos reunidos, más ignorante es la mente colectiva. Por ejemplo, existen dos tipos de corrientes bien claras del estudio de la mente de la gente, la psicología, que se centra en la mente de una persona, y la sociología, que se enfoca en la mente colectiva. La gente que vote debe ser gente informada e informar a la gente es un trabajo muy difícil, sobre todo si no les interesa, por lo tanto es esa libertad la que pone en riesgo a la democracia. Otro gran riesgo para la democracia, y abordando el mismo concepto de la ignorancia, es el carisma, la gente ignorante vota por “líderes” carismáticos, gente que ha sabido manipular a la masa y ha logrado cautivarla. Estas personas son sumamente peligrosas porque pueden bien ser anti-demócratas o ignorantes. Lo cierto es que el mecanismo del imperio de la Ley debería ser capaz de arrancar a estos personajes de sus cargos si fuese necesario.

De lo anterior se desprende que la democracia es peligrosa para si misma, puesto que el otorgarle libertad a todos puede ser contraproducente, ya que votan quienes no saben y se postulan quienes no deben. ¿Cómo solucionar esto? con lo planteado por Dahrendorf y educando a la gente, a que busquen más allá de lo visible y que no voten por su afinidad. Hay que enseñarle a la masa a pensar como una persona.

Política y ley

septiembre 27, 2010 Deja un comentario

Desde hace muchos siglos atrás, los seres humanos hemos estado practicando la política, entendida ésta como el mecanismo de generación de vínculo a través del cual se intentan resolver las desigualdades sociales que generan tensión.  Hemos sido testigos a lo largo de la historia de las distintas formas de ejercer la política como son la democracia o la tiranía y mientras éstas logran resolver las desigualdades presentes en la sociedad, no importa el estilo, los podemos clasificar como exitosos.

El autor Ralf Dahrendorf comienza analizando una definición de democracia con la cual él no está de acuerdo, y yo tampoco. Es evidente que la democracia va mucho más allá de simples elecciones, votaciones que designan a un actor político u otro. Tal como plantea el autor, considero que la democracia para cumplir su función política debe estar acompañada y apoyada por la ley.

La ley es básicamente la institución que todos aceptamos como válida y que ha surgido de la delegación legítima de miembros, que en su condición de iguales, han designado su poder en agentes políticos (que corresponden a terceros en el conflicto) que por su posición en la sociedad se encuentran en una situación favorablemente desigual.  La ley nos rige a todos por igual, por lo tanto es el pilar fundamental en el que se debería sustentar la democracia. Ésta sin el apoyo de la ley fallará tarde o temprano.

Los países, sin importar la diversidad cultural que los caracterice, si cuentan con leyes bien establecidas y respetadas por todos lograrán la finalidad última de la acción política: resolver las desigualdades intentando generar orden del caos.

Existen distintos ejemplos en el mundo donde a pesar de que las acciones políticas son radicalmente distintas unas de otras, mientras estén bajo el amparo de la ley, la política está siendo exitosa.

Por mencionar un ejemplo, la situación política que está ocurriendo hoy en Venezuela sirve para ejemplificar la relación entre democracia y la ley. El presidente de ese país gobierna bajo un régimen democrático, pero han existido algunas situaciones donde el presidente, con el apoyo de sus parlamentarios, ha promovido ciertas medidas que como lo entienden otros actores políticos o referentes de la sociedad venezolana, van contra la Constitución, y por ende contra lo que dictan las leyes. Es por esto que la situación política del país es cada vez más frágil y la tensión social está en aumento. Sin más, podemos ver que recientemente en las elecciones parlamentarias la oposición al oficialismo venció por un 52% de los votos.

Se podría creer que la ley no es un requisito para que se pueda ejercer la política, que sólo bastan las autoridades pertinentes que sean capaces de liderar (aunque se transgredan las leyes) a través de la legitimidad carismática. Pero esto carece de sentido ya que las leyes constituyen la institución mínima que nos protege de abusos de poder. Éstas son la garantía que poseemos de que los agentes políticos no transgredirán los acuerdos que se han establecido para resolver las desigualdades sociales a las que nos hemos visto enfrentados como sociedad.

Para concluir, considero muy importante que la forma de gobierno que elija cada país es válida siempre que sean respetadas las leyes a las cuales nos debemos atener todos. La democracia es un mecanismo útil para resolver las desigualdades sociales mientras los agentes a los cuales les delegamos el poder respeten las instituciones que hemos impuesto. Si se transgreden las leyes, el riesgo de abuso de poder crece y eso nos puede llevar a una situación de creciente tensión social.

Links: http://www.soberania.org/Articulos/articulo_4960.htm

            http://www.la2da.cl/modulos/catalogo/Paginas/2010/09/27/LUCSGIN22SG2709.htm

La ley, aseguradora de la democracia

septiembre 27, 2010 Deja un comentario

Sin duda que la democracia es la mejor forma de gobierno que puede utilizarse. Esta se asegura de que se respeten y promuevan los derechos humanos de todos los ciudadanos de una nación. Además, este tipo de organización política garantiza a la gente un espacio para hacer valer sus posturas y formas de pensar. En ella, se permite la participación en el destino de la sociedad, ya que todos tienen la posibilidad de intervenir al momento de elegir a su representante. Este líder elegido democráticamente, representa a la mayoría que votó por él, pero además respeta a las minorías que optaron por otras opciones, sin embargo, su fin último es velar por el bienestar de la nación. Pero tal como el autor se lo plantea ¿Qué ocurre cuando se elige a una persona que no está capacitada para llevar este cargo o que hace uso de costumbres antidemocráticas? Pese a que este haya sido elegido por la misma gente, puede no ser el más apto para el puesto, debido a decisiones mal informadas por parte de la ciudadanía. Estas malas decisiones acarrean consigo graves problemas, desde el mal ejercicio del gobierno hasta el derrumbe del sistema democrático.

Por estos mismos motivos, es que considero de altísima importancia la existencia de un poder mayor a todos los demás, el cual no pueda ser manipulado por nadie más que por la ciudadanía. Un poder que sea justo e igualitario, sin diferencia alguna. Este principio meta jurídico es actualmente denominado como Imperio de la Ley, Nomocracia o Principio Constitucional. En este imperio de la ley se establece que todos somos iguales ante la ley y que nadie está por sobre ella. De esta manera, la ley se convierte en un arma poderosa contra la violencia, corrupción y otras amenazas en contra de la democracia, que pueden surgir en un gobierno elegido erróneamente. En Chile, el Poder Legislativo, el cual es elegido por la gente, es el encargado de redactar estas leyes junto con el Presidente de la República. Leyes cuya función no es más que asegurar el bienestar nacional y el correcto uso del poder por las más altas autoridades. Este Congreso Nacional representa a la ciudadanía y fiscaliza los actos del gobierno.

Pese al vasto apoyo que recibe el imperio de la ley alrededor del mundo, también surgen críticas. Algunos alegan la poca importancia que está asumiendo el poder ejecutivo ante el surgimiento de la ley.  Se argumenta que esta le quita importancia o relevancia a las decisiones gubernamentales y que todo puede ser reducido a decisiones técnicas. Sin embargo, yo considero que las leyes no deberían quitarle protagonismo ni sobrepasar a la presidencia, sino que ambos deberían complementarse. Un presidente elegido democráticamente que represente al pueblo y  vele por el bienestar y beneficio de este, pero el cual tiene un margen dentro del cual moverse. La existencia de este margen legal, restringe con la finalidad de hacer valer la democracia y el uso de sus costumbres. Este se podría considerar como un tipo de seguro contra costumbres antidemocráticas, que asegura al pueblo el uso, y no abuso, del poder. Una vez  que una nación pueda lograr combinar estos dos elementos eficazmente, va a entregarle a su pueblo esta ‘’democracia más algo’’ que mencionaba Ralf Rahdendorf.

Alvaro Olid

Véase:

http://es.wikipedia.org/wiki/Democracia#Funciones_fundamentales_de_un_Estado

http://es.wikipedia.org/wiki/Imperio_de_la_ley

http://www.unep.org/ourplanet/imgversn/153/spanish/annan.html

http://www.bcn.cl/ecivica/democracia

Imperio de la ley; la Base de la Democracia

septiembre 27, 2010 Deja un comentario

En el texto “Democracia sin democracia” de Ralph Dahrendorf se habla de la importancia de la democracia actualmente, que ya no es simplemente el ir y votar en la urna por una persona, que en teoria participa de la demoxcracia, este voto nosotros lo sufragamos creyendo en la democracia, en que el sistema político y el país esta listo para ejercer de la mejor forma posible esta democracia, sino que ahora la democracia es eso y algo mas, algo que la acompaña, y lo que dice Dahrendorf es que antes de la democracia  debe estar el imperio de la ley que es la aceptación de que las leyes dictadas no por alguna autoridad suprema, sino por la ciudadanía, rigen para todos: quienes están en el poder, los que están en la oposición y quienes están fuera del juego del poder.

Estoy muy de acuerdo con este punto que habla el autor de este texto, obviamente la democracia deja de tener la libertad de decidir o elegir un representante mediante el voto, si no que primero todo lo que va a decidir el representante debe estar fundamentado y aceptado por los mismos ciudadanos, esto es lo que dijo alguna vez Abraham Lincon finalmente el gobienro es “el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”, esto significa que los cuidadanos son finalmente la estrcutura fundamental del gobierno, de la democracia.  Ademas que me queda decir que el origen de la palabra democcracia, viene de las palabras griegas demos que significa pueblo, y kratos que es poder, con lo que fundamento de mejor forma lo que mencione anteriormente.

En Chile entre los años 1970 y 1990 se paso por un periodo donde primeramente fue escogido Salvador Allende como presidente de la republica de forma democratica, el mismo pueblo lo eligio, pero finalmente podriamos decir que no respeto lo que el pueblo queria, a pesar de que el mismo decia que su gobierno era el gobierno del pueblo, no hiso lo que la mayoria queria, tampoco respeto las leyes que se tenian en ese mometno, por lo que a pesar que fue democratico, el “algo mas” del que habla Ralph Dahrendorf no estaba. Lo que sucedio finalmente fue que el general de ejercito Augusto Pinochet tuvo que intervenir, produciendo en Chile una dictadura, que es lo que habla el autor del texto democracia sin democratas, un pais para tener el imperio de la ley que es fundamental para la democracia con algo mas, primero debe pasar por una dictadura, generar una base solida sobre la constitucion y que los ciudadanos la respeten, y ahi llega la democracia. Quizas este periodo fue el que a pesar de dividir a la sociedad, nos ayudo a ser un país donde la democracia es muy importante, la cumplimos, y a pesar de ser un pais en vias de desarrollo no tenemos estados fallidos, ni fallas muy grandes en el sistema politico.

María Cecilia Martínez

http://www.bcn.cl/ecivica/democracia

http://www.corazones.org/diccionario/democracia.htm

http://www.clarin.com/mundo/america_latina/parte-Chile-sintio-dictadura-Pinochet_0_275372502.html

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El Mejor Sistema Político

septiembre 27, 2010 Deja un comentario

A lo largo de la historia la política y su función ha sido mal interpretada. Esperamos de ella no solo orden, sino también protección, salud, apoyo, entre otras. Es por ello que tendemos a exigir que el estado nos proporcione todas nuestras necesidades. Pero el rol de la política nunca ha sido ese, por lo que en general cada sistema político termina generando desilusión y mayor conflicto. La política busca generar orden social, quizás no sea la mejor manera, ni la más eficiente, pero mientras cumpla con este objetivo podemos decir que ha sido exitosa.

La democracia es un mecanismo político que intenta regular un área dentro de la sociedad de gran importancia; la elección de un agente político con el poder de ejercer una dominación sobre nosotros. Este puede no ser el mejor sistema para regular esta situación, ni menos el más eficiente ya que trae consigo con costo asociado y una cantidad de tiempo importante. La razón por la que se ha vuelto la forma más común dentro del mundo es porque ha logrado ser el mecanismo que ha permitido que las diferentes opiniones se pongan de acuerdo bajo un mismo contrato para elegir de forma legítima al agente político. Ha sido tal su poder regulador que aun cuando grandes multitudes han sido derrotadas por una escasa diferencia de votos estás no han entrado en un mayor revuelo sino que han aceptado su legitimidad (link).

Aquí es donde estoy de acuerdo con el autor Ralf Dahrendorf; la democracia no puede ir sola en su definición, es necesario el imperio de la ley para que funcione.  Aceptar una posición desigual con un agente político trae consigo un gran riesgo, quedamos vulnerable a posibles abusos. Por ello que un sistema reglas respetadas por toda la sociedad y ejercidad por una institución que haga amenzas creibles y sea confiable es clave para mantener este sistema, pues sin ella el riesgo para los individuos es demasiado alto. Si no existe un sistema que me garantice mi protección hacia este “tercero”, mi voluntad a ceder mi posición ante una idea común será mínima, es demasiado el riesgo y ningun resguardo. Considerar la democracia como sistema universal es en sí un error pues instaurado en una sociedad no preparada generará tal inestabilidad que incluso podrá llegar a ocasionar una guerra civil.

Podríamos argumentar en contra considerando que aun en una sociedad con un imperio de la ley estable la democracia lleve al poder agentes, como nombre Dahrendorf, antidemocraticos provocando así una incosnistencia en el sistema. Ante esto veo el mismo error que en el caso de la política, exigimos de la democracia cosas que no estan dentro de sus funciones ni objetivos. La democracia no busca encontrar el mejor agente político, si no que, inteta regular a los individuos para que voluntariamente puedan llegar a un acuerdo, a pesar de sus distitntas opiniones. Si el acuerdo resulta en la elección de un agente antidemocratico y logra esto con orden social podemos decir que ha sido existosa.

Para concluir no debemos olvidar que somos individuos que políticamente dependemos de nuestra interracción con otros, mientras mayor sea la cantidad de estas relaciones y menor el numero de conflictos la sociedad crece. La única forma de hacerlo es cediendo nuestra poder e igualdad a un agente regulardor. Este ha tomado diversas formas a través de la historia, dictadores, monaruias y la democracia han sido algunas de ella. En nuestros días la democracia ha adquirirdo mayor popularidad pero su permanencia dependerá de su capacidad para evoluciona junto con la sociedad.

Link:    http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/ayudadetareas/poli/poli25.htm

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¿El juez o la ley?

agosto 27, 2010 Deja un comentario

Aquellos asuntos en los que la ley no alcanza para dictaminar por sí sola, obligando al juez a decidir, nos conduce al análisis de dos elementos.

En primer lugar, debemos observar a dicho juez y el rol que desempeña.

Según lo estudiado en clases, cuando existen conflictos entre iguales, una de las posibles soluciones para hacer creíble la amenaza, o bien, para que el acuerdo sea respetado por ambas partes, es utilizar a un tercero. Este tercero, será el responsable de velar por el correcto cumplimiento del contrato estipulado. Sin embargo, decir que esta entidad funcionará con estricta rigurosidad porque el pacto así lo especifica, parece, a lo menos, imposible. Este es el papel que le toca ejercer al juez.

Bajo esta situación, podría parecer atractivo elaborar una estrategia que permita reducir aquella probabilidad de que el juez actúe, incluso inconscientemente, bajo la óptica de sus principios, desarrollando aún más la forma en cómo logramos que una institución, entidad, o como en este caso, un juez, logre abstraerse completamente de sus convicciones éticas, y de sus creencias únicas e individuales, para poder ejercer con cada vez menor arbitrariedad. Pero como contraargumento, es precisamente porque los principios y creencias son características innatas y subyacentes a las personas, que es imposible pensar en políticas que permitan cambiarlas, ajustarlas o adaptarlas.

Sin embargo, la dificultad no sólo encontrará fuerza ante la eventualidad de que dicho tercero no actúe con rigor, sino que la elaboración de la norma arduamente considerará el inmenso abanico de posibilidades que se pueden presentar para cada uno de los casos.

Es por esto que en segundo lugar, se debe examinar la ley y cómo esta es elaborada. A mi juicio, es precisamente en el ámbito de la elaboración de proyectos de ley donde todavía hay mucho campo para trabajar y avanzar.
Pero para que esto se logre, el objetivo debe ser poder prescindir de la forma en cómo el juez actúe. Que no importen aquellas características subyacentes que lo lleven a actuar de tal o cual manera, pues las leyes serán capaces de valerse por sí solas.

Bajo este horizonte, una posibilidad podría ser crear tantas leyes como eventualidades pudiesen presentarse. Sin embargo, es una opción que difícilmente podría ser llevada a cabo. Tiene mucho de ambiciosa y poco de factible. Además, no sólo será difícil considerar y legislar de acuerdo a cada eventualidad, sino que entre más leyes existan, mayor será la dificultad para el juez cuando tenga que sustentarse o valerse de alguna para poder dirimir. Mientras más precisa sea una ley, más se diferenciará de un hecho concreto.

Pareciera ser que, bajo este análisis, la posible solución se podría encontrar organizando tanto al juez como a la ley. Podría ser que, bajo leyes generales, los jueces atendieran a cada caso como uno particular y único. Que se observaran los detalles de cada situación para evaluar y posteriormente dictaminar. Cada escenario debiese tener una resolución exclusiva, en donde los terceros, eso sí, no tengan intereses comprometidos.