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Política chilena

noviembre 24, 2010 Deja un comentario

La política en Chile siempre ha sido observada desde afuera debido que su peculiaridad, como sería el caso de que un presidente de extrema izquierda salga electo por votación popular, por democracia, o también el hecho de que si bien Chile afirma tener tanto partidos de izquierda como de derecha, ambos son partidos derechistas para los estándares de otros países. Sin embargo Chile padece de las mismas enfermedades políticas que muchos otros países, como la “farándula”, la mala educación y la “democracia”. En nuestro país no es un asunto de si los políticos son inteligentes o imbéciles, capaces o no, el problema es como se está llevando a cabo la política.

Hoy en día los rostros políticos buscan poder mostrarse, pero han fallado, a mi criterio, en la forma de hacerlo, en vez de hacer para el pueblo (o al menos para sus votantes) tratan de aparecer lo más posible en la tele, ya que este medio de comunicación masivo es el predilecto por la masa, por lo que es más fácil el ser reconocido por estos. Lamentablemente la televisión en Chile ha perdido el foco cultural con el que se formó desde el año 1962 y se ha vuelto morboso. Por lo tanto, este morbo, si bien populariza los rostros, a su vez destruye su seriedad y formalidad.

Respecto a la mala educación, y esto va un poco ligado con el punto de la “democracia”, esta se ha encargado de separar a la clase social, de ricos, gente que con mayores ingresos logra pagar una educación privada de alta calidad, y pobres, quienes deben enviar a sus hijos a liceos en donde imparten educación pública. La política de hoy en día busca solucionar temas de la sociedad y disminuir la desigualdad, creando empleos, oportunidades, etc. Lamentablemente son lo suficientemente ciego  como para no ver que el problema debe atacarse de raíz, es decir, debe educarse a los jóvenes que regirán mañana, de modo que ellos tengan las mismas herramientas, todos por igual, y así disminuir la desigualdad, ya que no será un tema de la situación económica en la que uno nace la que defina donde terminará.

Respecto a la “democracia”, y retomando un poco el tema de la educación, lamentablemente todos tienen derecho a voto, es decir, tanto el que sabe del tema, que tiene una opinión formada y ha reflexionado el tema, como el ignorante, que no opina y es impulsivo y poco reflexivo, tienen que decir en un tema dado. El punto débil de la democracia es justamente este, todos tienen derecho a voto, y es el ignorante el que limita y dificulta el proceso de selección política, es el votante medio incompetente el que termina eligiendo al ejecutivo y también los problemas de un país. Al ser el votante medio una enorme mayoría, la política busca atraerlo con lo que esta masa quiere, ya que es ésta la que decide y elije.

Es por esto que no podemos decir que los políticos son los culpables de que la política no funcione, ya que es el votante medio quien elige y debido a esto se entra en un círculo vicioso:  La masa ignorante vota por el político que más llamó su atención, quien propuso una agenda dedicada a satisfacer las necesidades del votante medio en vez de atacar los problemas de raíz. Tanto los políticos como la masa son los culpables de la política de un país, ergo, tanto la masa como los políticos son los encargados de tener y mantener una política denigrante. Esperemos esto no siga así.

La democracia en los tiempos contemporáneos

A decir verdad no puedo evitar observar y comparar la política actual con la política de hace unos cuantos años atrás. Si bien no estoy del todo instruido en el tema no puedo dejar de formar una opinión propia, como todos deberían. Cuando escucho, leo y investigo sobre los acontecimientos de otros tiempos me doy cuenta que la política se vivía, y como bien menciona Ralf Dahrendorf, hoy en día esta se ha vuelto “floja”. Me refiero con “floja” al hecho de que nadie se interesa demasiado por la política, cada vez son menos la gente que se ve realmente motivada a “participar” en elecciones. Este acto se puede analizar de dos formas. Primero, y tomando prestado ideas del texto, los partidos han perdido credibilidad y legitimidad ya que legislan para quedar en buenos términos con la mayoría, por lo tanto la gente ya no confía en grupos que buscan abarcar todo ya que no los definen a ellos, algo tan global en términos de ideología no tiene identidad. El segundo punto de vista sobre el tema, y que tiene mucha relación con el primero, es la comodidad de la gente. Como los partidos buscan entablar buenas relaciones con todos y tratan de abarcar a la mayor gente posible, los partidos han empezado a parecerse más unos a otros, por lo tanto a la gente le resulta indiferente quién es el “ganador” y he acá la razón de porque la gente ha dejado de votar. A decir verdad ambos puntos son complementarios entre sí, producto de la homogeneidad ideológica de los diversos partidos la gente ha perdido interés por la política. Lo cierto es que esto no acaba acá, lamentablemente las instituciones también han sido victimas de la homogeneidad política y han perdido legitimidad y efectividad, en vez de tomar medidas necesarias se ha privilegiado el común acuerdo, el tratar de no pasar a llevar a nadie, lo que resulta sumamente complicado e ineficiente. ¿Qué hacer al respecto? Si seguimos la tendencia actual nos daremos cuenta que estas instituciones se han ido privatizando, pero ¿será este el método correcto? Personalmente creo que en la medida que los gobiernos no sepan tomar decisiones correctas, no se les debería permitir tomar las riendas de dichas instituciones, sin embargo son los mismos quienes deberían llevar las riendas. No se puede jugar a “adivinar que hacer” ya que las decisiones afectan a una nación entera. ¿Deberían privatizarse? si, pero esta no debería ser una medida definitiva, sino una medida transitoria, las instituciones privadas deberían trabajar con y no para ellos, deberían encargarse de revisar el trabajo, tomar las medidas pertinentes, y el estado debería aprender. No hay nada malo en aceptar la ineptitud, si es incorrecto creer poder y no ser capaz cuando las consecuencias afectan a tanta gente.

La democracia, la ley y la ignorancia

septiembre 27, 2010 Deja un comentario

¿Cuál es la receta perfecta para una democracia? a decir verdad concuerdo en gran parte con Ralf Dahrendorf. La democracia son elecciones y algo más, el imperio de la ley. Una democracia no puede valerse solo de su ideal y su ilusión, de lo que sueña y espera, sería utópico e irreal, lamentablemente vivimos en un mundo imperfecto, sin buscar provocar a nadie, un mundo en que lo que se pretende construir no es compartida por todos por igual, por lo tanto surgen intereses propios de cada persona y esto genera diversos objetivos, metas y propósitos, lo que genera o puede generar conflicto de intereses. Estos conflictos pueden bien aparecer en la política, como por ejemplo el asenso al poder de un anti-demócrata, lo que sería un gran riesgo para un Estado. Cómo asegurarse de que la democracia permanezca impune a la intención de un anti-demócrata es una pregunta que muchos han querido responder y considero que el punto ilustrado por Dahrendorf es bastante exacto, el imperio de la ley. Para poder sostener y garantizar una democracia deben existir leyes que la reafirmen, y estas deben estar separadas del ejecutivo a cargo del Estado, ya que estas leyes deben ser capaz de juzgar de igualmente a un presidente como a civil, nadie debe ser capaz de funcionar por encima de la ley. Sin embargo esto nos garantiza una sola cosa, que aquel que no debiese estar arriba no se quede, pero ¿Cómo podemos evitar que de partida lleguen tan arriba? Estamos atacando meramente una parte del problema, la otra parte es más difícil de ver y aun más difícil de atacar y es la ignorancia del pueblo.

El punto débil de la democracia es justamente la libertad, todos son capaces de postular a la presidencia y todos tienen el derecho de votar, pero ¿Por quien votar? y ¿Deberían votar todos? A decir verdad, después de mucho reflexionar, he llegado a la opinión personal de que la masa es ignorante, la gente puede razonar y la persona es sumamente capaz, en otras palabras, mientras más grande sea el número de individuos reunidos, más ignorante es la mente colectiva. Por ejemplo, existen dos tipos de corrientes bien claras del estudio de la mente de la gente, la psicología, que se centra en la mente de una persona, y la sociología, que se enfoca en la mente colectiva. La gente que vote debe ser gente informada e informar a la gente es un trabajo muy difícil, sobre todo si no les interesa, por lo tanto es esa libertad la que pone en riesgo a la democracia. Otro gran riesgo para la democracia, y abordando el mismo concepto de la ignorancia, es el carisma, la gente ignorante vota por “líderes” carismáticos, gente que ha sabido manipular a la masa y ha logrado cautivarla. Estas personas son sumamente peligrosas porque pueden bien ser anti-demócratas o ignorantes. Lo cierto es que el mecanismo del imperio de la Ley debería ser capaz de arrancar a estos personajes de sus cargos si fuese necesario.

De lo anterior se desprende que la democracia es peligrosa para si misma, puesto que el otorgarle libertad a todos puede ser contraproducente, ya que votan quienes no saben y se postulan quienes no deben. ¿Cómo solucionar esto? con lo planteado por Dahrendorf y educando a la gente, a que busquen más allá de lo visible y que no voten por su afinidad. Hay que enseñarle a la masa a pensar como una persona.

Justicia Internacional: ¿Justicia Absoluta?

A través de la historia el hombre ha vivido en constante guerra, ya sea política o bélica, y estas se rigen por el famoso decir: “En la guerra y en el amor, todo se vale”. El problema es, ¿Valen una vez terminada la guerra? Suele ocurrir que una vez acaba el lado vencedor hace caso omiso a sus crímenes e impone su “justicia” ante el derrotado, pero ¿Quién los juzga a ellos? Es acá donde entran las Naciones Unidas y la Corte Internacional de la Justicia. Ellos obtienen la legitimidad suficiente y juzgan a todo aquel que haya cometido crímenes. Tal es el caso de Darfur, en donde después de una guerra civil interna entre el norte y el sur, quienes quedaron sin poder fueron sometidos a la dominación de los vencedores, y con esto a su matanza, la CIJ está tratando de remediar lo ocurrido. Personalmente encuentro que organizaciones como estas son necesarias para un mundo como el de hoy, un mundo globalizado y que sigue ese curso sin parar. El problema es que los países se encuentran tan conformes con sus leyes que no conciben como es que un agente externo a una cultura, a una sociedad, a una nación, sean capaces de juzgarlos. Es que al final de cuentas las leyes entre naciones tienen ciertos factores culturales que las hacen diferir de las de otros Estados. Tomemos el caso del Apartheid, la cual era una ley legítima en un país, aceptada y aprobada por los ciudadanos con la cual lograron abusar por mucho tiempo de una raza. Es debido a estar diferencias existen casos que quedan impunes, porque no aceptan la jurisdicción de la CIJ y cierran sus fronteras a la justicia.  A pesar de esto, cada vez son más los países que aceptan incorporarse, y gracias a esto, la justicia logra abarcar mayor territorio. Sin embargo mi opinión es que aún no estamos listos para tragarnos nuestro orgullo y aceptar la intervención de terceros, menos que critiquen nuestro sistema judicial. La CIJ debería existir, en teoría, pero en la práctica funciona como influyente opinión. Para tratar de contradecirme alguien puede decir que la CIJ si tiene poder, como para someter bajo su voz a EE.UU. como cuando arrestó, juzgó, condenó y sentenció a 51 mexicanos a pena de muerte sin comunicarles su derecho a contactarse con su consulado. Tras lo ocurrido la CIJ advirtió a Estados Unidos que revisara y reconsiderara las condenas y sentencias. (http://www.fidh.org/La-Corte-Internacional-de-Justicia-de-la-Haya). Si bien es cierto que esto ocurrió, EE.UU. hizo caso omiso y condenó a muerte a los reos. Esto no hace más que comprobar que el mundo no está listo para una justicia “absoluta” ya que aún existen Estados fallidos, que no conciben que dentro de sus espacios públicos, sus políticas fracasan, y no tienen la madurez suficiente para reconocerlo.

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